1. No se llama solamente “padre”, al que aporta la semilla de la carne, sino al que aporta la cerilla que enciende la llama del espíritu, en los corazones de sus hijos, de los hijos de Dios.
2. Buena ocupación es ocuparse de los pobres y mejor aún es darles donde pescar, abriendo el mar acaparado por unos pocos insensibles y egoístas.
3. Para solucionar el hambre de los pobres, hay que sanar primero el hambre de avaricia de los egoístas de la tierra. A ellos hay que llegar con la Palabra del Señor.
4. El hambre de los pobres se soluciona dando el Pan de la Palabra de Dios a los ricos de la tierra, para que ellos den el pan al pobre.
5. Dios hace producir alimentos cada día en abundancia para que todos coman; pero la comida no llega porque es acaparada y derrochada por unos pocos.
6. A todos conmueve la pobreza absoluta de la tierra. Pero pocos se dan cuenta de la pobreza absoluta que viven muchos que en la tierra lo tuvieron todo, y que ahora están en el infierno eternamente.
7. El pobre que sabe llevar bien su carencia va camino del Reino de los Cielos; pero el rico que no emplea su riqueza en beneficio de los demás, es digno de verdadera compasión.
8. Da siempre lo mejor de ti y agradarás a Dios.
9. Quiere Dios que enseñes a los demás a mantenerse en su camino, actuando tu con rectitud y con justicia.
10. Que por lo que haces se den cuenta que Dios está contigo.
11. El que sirve es buscado y quien no sirve rechazado.
12. El apostolado lo hace Dios – junto con su Madre – y Él envía a sus ángeles a llamar a cada hombre en su interior.
13. El mejor apostolado es que tu escuches a Dios.
14. El mejor apostolado es que tu muevas a Dios a que envíe sus gracias tumbativas a los hombres.
15. El mejor apostolado no es que les hables a los hombres sino a Dios.
16. En el cielo te sorprenderás de la cantidad de gente que han salvado, las personas que hacen oración, encerradas en su lecho de enfermo o en su casa o en un convento, sin que nadie las conozca.
17. Dios quiere almas de oración y no personas dispersas que dan vueltas en torno a la vanidad de sus ideas personales y no escuchan al Señor.
18. Es bueno hablar a los hombres de Dios; pero si primero has hablado a Dios de los hombres.
19. No es hora de gritar en la calle; si no de escuchar en la casa a Dios.
20. No quiere Dios – en esta hora – tantas manifestaciones colectivas de piedad, sino mejor auténtica oración individual y privada donde Dios habla a cada uno.
21. Tira al aire la semilla que Dios se encargará de llevarla a tierra fértil.
22. No cobres la semilla, que Dios te paga con los frutos.
23. Por más que hagas, será poco, sino lo acompañas de la oración.
24. La acción hace algo; la oración lo hace todo.
25. Hijo, hablar de Dios no es decir cosas bonitas, cursis y románticas de un amor etéreo.
26. ¿Sabes quien es el que más habla de Dios? Mi enemigo satanás es el que más habla de Dios. Satanás habla de un Dios que no castiga, para que de esta forma los hombres Me sigan ofendiendo.
27. Quiero hijos apostólicos, que Me acerquen almas a Mi Ciudad de la Oración.
28. Que Mis hijos Me busquen gente joven, con capacidad de entrega, que puedan luchar en primera fila, en la primera fila de la entrega total a la oración.
29. Necesito almas jóvenes, que entreguen su vida en holocausto, para dedicarla a Dios en celibato y oración, recogidos en su propia casa.
30. Que Mis hijos se acerquen a la salida del templo, a aquellas personas piadosas que se les ve claramente en su rostro que Me buscan, para meterlas por caminos de verdadera oración.
31. Quiero que Mis hijos hablen de oración a las personas con las cuales hablan.
32. Quiero que ese pequeño fermento de los hijos que acuden a Mi Madre, Me fermente el mundo entero de oración.
33. Dile a la ingenua espiga de trigo que no trate de convertir en trigo la cizaña y que mejor se aleje de ella, porque la cizaña arrastra el trigo al fuego.
34. Cuando vea la gente que Dios está contigo, gran número de personas se unirán a ti.
35. La gente no te busca a ti sino a Dios que está en ti.
36. Cuando tu te apartas de Dios, la gente huye de ti.
37. Atrae con tu arrepentimiento a los que alejaste de Dios por el pecado.
38. Enseña a los hombres las Palabras del Señor, teniendo contigo la Ley del Señor.
39. Mira lo que aconsejas, porque no aconsejas en lugar de hombres, sino en lugar de Dios que está dentro de ti cuando tu hablas.
40. Cuando combates por Mi Nombre Santo, no es tuya la guerra sino de Dios. Pero recuerda: hace más la oración que atacar al enemigo.
41. Tu tiempo, el pan que Dios te da para que se lo dediques a sus hijos, no se lo eches a los perros.
42. Te presentaré hijos e hijas de Mi Madre, que tienen en su corazón las mismas inquietudes que Dios ha puesto en tu corazón.
43. Te presentaré personas que te ayuden a construir en esta tierra la ciudad de Dios, la Ciudad de la Oración.
44. Pero no te he llamado a construirme Mi ciudad, sino a reconstruirme Mi ciudad, porque la Ciudad de la Oración, desde la creación del mundo, siempre ha existido entre los hombres.
45. Donde hay un alma de oración está presente la Ciudad de la Oración, la ciudad de Dios sobre los hombres de la tierra.
46. Mi Ciudad, Mi Cívitas, fue hace muchos años construida, pero fue destruida cuando los hombres abandonaron la oración.
47. Te toca levantar los muros de la Ciudad de la Oración sobre las ruinas de los muros de la ciudad de los sordos y los ciegos.
48. No te preocupes por el número de personas, por el volumen y la cantidad; Me basta que en el mundo haya un alma que Me escuche, para que exista en la tierra la Ciudad de la Oración.
49. La Ciudad de la Oración está compuesta por aquellos que Me saben escuchar.
50. No llames tú a los hombres sordos a que Me escuchen a Mí, que de ellos Me encargo Yo. Si no Me escuchan a Mí, que hablo a cada instante a sus oídos, tampoco te escucharán a ti.
51. La gente te escuchará a ti cuando Me escuchen a Mí primero; búscame a esos que Me escuchan y tráemelos a Mi Ciudad.
52. ¡Métete tú en Mí y ellos se meterán en Mí, en Mis caminos, en Mi Ciudad.
53. No le pidas al ciego que vea, ni al sordo que oiga, ni al mundo que hable, ni al cojo que corra.
54. No le pidas a la serpiente que no inyecte su veneno, ni al malvado que no transmita su mal; no seas ingenuo: ¡huye!.
55. Yo hablo aunque no sea escuchado. Yo hablo porque soy Palabra y necesito hablar.
56. Yo hablo para que Me escuchen todos los seres que he creado. Cuando los hombres no Me escuchan, Me escuchan las plantas, las nubes y los pájaros; ellos saben transmitir Mi Voz.
57. Los seres irracionales de la tierra, las almas de oración de este mundo y las almas del cielo, escuchan complacidos Mi Palabra.
58. Te he dado dones, hijo Mío; pero no para que los exhibas, ni tampoco para que los escondas, sino para que Me des a conocer a los demás.
59. Transmite a los demás tus dones, que Yo se los daré como a Eliseo, a los humildes que saben escuchar.
60. ¿ Te palpita el corazón más fuerte, cuando sientes que pasa por tu lado un alma que está buscando a Dios y no tiene quien le oriente? Pues esas almas soy Yo el que te las pone en tu camino para que Me las lleves a Mí.
61. ¿Estás feliz por el camino que Yo he abierto para ti? Pues ahora quiero que seas aún más feliz, que no camines solo y que Me traigas otras almas para Mí.
62. Busca en tu apostolado gente que te agrade a ti compartir con ellos y ser su amigo; porque lo que te agrada a ti Me agrada a Mí.
63. Búscame gente inteligente, porque la inteligencia la dio Mi Padre Dios para conocerlo a Él.
64. Búscame rostros que reflejen su sencillez, naturalidad, virtudes, simpatía, madurez, equilibrio y su piedad.
65. Búscame gente en , pero la gente valiosa la encuentras en la calle, acércateles y pregúntales: ¿Te interesa acercarte a la oración? Y así ya tú les hablas de oración, y los metes poco a poco por caminos de oración. (Ya no busques gente en el templo, porque Dios nos ha cerrado las puertas de las Iglesias, para abrirnos las puertas del mundo entero, mar adentro, para conquistarle peces grandes para El.)
66. Tráeme a Mí, a Mi Ciudad de la Oración lo mejor de lo mejor. Tráeme a vivir a Mi Ciudad personas de más virtudes y condiciones que tú, que de los otros Me encargo Yo.
67. Es que hijo, una persona que vale, que tiene virtudes, es porque ya tiene un terreno fértil para que se pueda sembrar en él la Palabra de Dios y a la vez Me traiga con urgencia a otros.
68. Tú sabes que Yo necesito reinar en la tierra cuanto antes y búscame para ello, personas que tengan condiciones de escucharme, porque ya Me vienen escuchando.
69. Si te encuentras con personas tristes, emproblemadas y agobiadas, es porque tienen oídos sordos para escuchar a Dios. ¡Tráeme tu gente con capacidad de oír, porque Dios está urgido de hablarles!
70. Nunca Me olvides, para que nunca, nunca Me vayas a olvidar, que tu primer apostolado es estudiar y meditar Mis Instrucciones y luego que las termines, las vuelves a comenzar
71. Pero quiero de ti oración de escuchar a Dios y acción apostólica: escuchar a Dios y hablar de Dios, de uno en uno individualmente.
72. Quiero que tu Me busques doce almas que Yo te presentaré, hombres y mujeres de distintas edades, y Me los formes, animes, los motives, los asesores, aconsejes y Me les enseñes a escuchar a Dios, dándoles a conocer Mis Santas Instrucciones y Me los metas por el camino de la Ciudad de la Oración. Y cada uno de esos, que coja otros doce y así Me tomaré Yo el mundo para reinar en el: !con doce!.
73. Quien está lleno de Dios, necesita hablar de Dios y quien no está lleno de Dios habla de lo que está lleno: de vacío, tristezas, problemas y egoísmo.
74. Quiero que tu seas coordinador de un grupo de doce, y si ves que uno de los doce no funciona, lo reemplazas por otro que si esté dispuesto a escuchar a Dios y a hablar de Dios. Pero tú reza por ellos ante Mí para que no te falle ni uno, para que no Me falle a Mí. Y si ves a uno desanimado o enfermo, te le entregas a este, lo ayudas, lo reanimas para que vuelva por caminos de oración.
75. Actúa tú con los doce de tu grupo como actúo Yo: como Madre y Buen Pastor que busca y ama a sus ovejas. Pero tu no me les prohíbas ni les impongas reglas, ni devociones, porque el guía y director de cada uno soy Yo.
76. Quiero que Mis aves de la ciudad de la oración vuelen libres como el viento, sin que nadie de la tierra Me las obligue a actuar así o asá, o les imponga el sello de sus gustos o de su personalidad.
77. En la Ciudad de la Oración, la ciudad de la alegría, cada uno baila si quiere y como quiere, come y bebe lo que quiere con prudencia y con medida. Viste como quiere: con pudor, modestia y decoro.
78. En la Ciudad de la Oración cada uno hace lo que quiere; porque cada uno lo que quiere es darle gloria y gusto a Dios.
79. En la Ciudad de la Oración a nadie se le obliga a reuniones. Te toca a ti charlar con cada uno de tus doce individualmente, cada semana o cada quince días o cada vez que alguno te requiera, para compartir contigo lo que Dios le habla en la oración.
80. Los que quieran reunirse y compartir y charlar, que lo hagan. Pero que no Me pierdan mucho tiempo en reuniones. Que recuerden que Dios los está esperando en sus casas para hablarles.
81. A cada uno de tus doce, pregúntales de su vida de oración y apostolado y como cuida este de sus doce.
82. Las charlas personales con los tuyos deben ser completas, claras, breves y concisas. Pero al principio hay que dedicarles más tiempo o cuando están atrancados en algún problema personal.
83. Cuando hables con uno de Mis doce hijos y les estés enseñando a hacer apostolado, ten presente que Yo ahí estoy hablando contigo. Pero no dejes nunca un día de escucharme tú a solas.
84. Recuerda lo que ya Te he dicho, hijo: Te mediré por el tiempo que empleaste escuchando a Dios. Y sumaré también el tiempo que empleaste enseñando a otros a escuchar a Dios.
85. Sumaré a tu tiempo de escucharme, el tiempo de la cadena de tus doce que Me escuchan y lo seguiré sumando en la eternidad, mientras haya hombres que Me escuchen, porque tu les has enseñado a ello.
86. Tus méritos son pocos, pero sumados a los méritos de doce que producen semillas de doce en doce hasta el fin del mundo, serán grandes ante Mi presencia y Me darán gloria eternamente.
87. Habla conmigo y con Mi Madre todos los asuntos de tus doce y cuando tengas uno enfermo, desanimado, elevado, distraído para escuchar a Dios, dile a Mi Madre: ayúdale a ese hijo tuyo, Madre, para que no abandone Tu Ciudad de la Oración.
88. Son hijos tuyos, los hijos de Mi Madre y Míos, que tú has parido a la vida de oración con tu oración y obediencia llena de sacrificio.
89. Si tú ves que no alcanzas a charlar y seguir de cerca, como lo necesitan, cada uno de los de tu grupo, puedes delegar en dos o tres, para que estos se encarguen de hacerle el seguimiento fraternal a los otros del grupo, y nadie quede solo, aislado, sin el amor y cariño que necesitan.
90. Si alguno de tu grupo viaja a otro lugar, pues lo sigues por carta, teléfono u otros medios como Internet; pero no lo dejes solo, no lo desconectes.
91. Hijo, búscame gente guerrera, luchadora, valiente; con mentalidad de triunfo, con fe y confianza en Dios, alegres; para Yo entrenarlos como soldados en el ejército comandado por Mi Madre, para Yo reinar en sus corazones y se haga la Santa Voluntad de Mi Padre Dios aquí en la tierra.
92. Hijo, no Me cojas personas que pertenecen a una asociación religiosa o piadosa, porque ya tienen unos esquemas mentales muy definidos que difícilmente están en capacidad de cambiar. Y además ya tienen un director que las orienta y no va a permitir éste que esas personas se salgan de su terreno y su redil. Déjalos tranquilos que por ahí van bien y tu Me buscas otros.
93. Es pequeña la cerilla y poca cosa; pero sabe que su fuego, es capaz de poner a arder a todo el bosque.
94. Hijo, búscame gente totalmente libre, independiente. Que no tenga influencias espirituales absolutamente de nadie, ni siquiera de un libro, porque a la gente es muy difícil cambiarle los esquemas mentales que en su ruina han construido.¿Ahora te das cuenta porque dije Yo que salgan y Me traigan los cojos y mancos?
95. Háblale a la gente de lo que Dios les está dispuesto a dar, y te escucharán con gusto; pero si les dices lo que Dios les pide, te mirarán con extrañeza y te rechazarán.
96. Pues a Mí, hijo Mío, Me pasó: cuando Yo les daba panes y peces, Me seguían multitudes; pero cuando les pedí que Me acompañaran en la Cruz, solamente lo hizo Mi Madre, unas pocas mujeres y uno solo de Mis discípulos. Para que tú, hijo Mío, no te extrañes de que no te entiendan: ¡No es a ti, es a Mí, al que no quieren entender! Pero tú sigue buscando gente para Mí.
97. Tú llamas gente para decirles que Dios los está llamando, qué por favor cuelguen bien su teléfono; y no escuchan. ¡No te escuchan a ti para que cuelguen su teléfono, tampoco Me van a escuchar a Mí! ¿Sabes lo que Me dicen? Si Dios me quiere hablar, que venga y cuelgue mi teléfono. Pero tú no dejes de decirles.
98. Hijo Mío, tú ya estás en tu cielo aquí en la tierra, en la máxima felicidad que hay en la tierra y que continúa en el cielo: escuchar la voz de Dios a cada instante, porque a cada instante Dios le habla al hombre. Que otros se nieguen a escucharte a ti, para que escuchen a Dios, no disminuye tu cielo.
99. No saques a nadie de su sitio; busca gente que está buscando a Dios y no tiene quien le guíe, para que tu les enseñes el sitio donde se escucha a Dios.
100. Ha llegado el día anunciado por el profeta Amos, en el cual Dios mandará sobre la tierra hambre de escuchar la Palabra de Dios y los hombres no encontrarán quien la explique ni la anuncie. Dios necesita de ti, para que escuchándola primero, enseñes a otros a escucharla.
Existen 284 Instrucciones sobre "Apostolado".
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