|
FUNDAMENTOS DE NUESTRA ESPIRITUALIDAD
(Se comenzó a escribir el 11-X-03, día de la Virgen del Pilar; ¡Virgen del Pilar, antes morir que pecar!. Virgen del Pilar ayúdame a que aquí queden plasmados los puntos más fundamentales de la espiritualidad que tu Hijo quiere de su Civitas y ayúdanos a ser fieles a estos).
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN
1.ASESORÍA FRATERNA
Qué es la asesoría
Cómo debe ser
Quién lleva la asesoría
Gracia de estado
Objeto de la asesoría
Temas que deben ser tratados
Visión sobrenatural
Defectos que se deben evitar
Visión sobrenatural
Defectos que se deben evitar
2.CORRECCIÓN FRATERNA
Qué es
Cómo se hace
Cómo se recibe
Puntos más frecuentes de corrección
Cuesta más hacerla que recibirla
Corrección a los Directores
3.DÍA DE RONDA
4.DEVOCIONES PARTICULARES
5.DEVOCIONES PROPIAS DE CIVITAS:
Ofrecimiento ordinario
Visita al Santísimo Sacramento
REALIDADES DIVINAS
Más realidades divinas
Santa Misa
Acción de gracias
Santo rosario
Lectura espiritual y Santo Evangelio
La lectura espiritual es recetada
Rosario del Padre
Oración al Santo Rostro
Miradas al Santo Rostro
Examen de conciencia
Oraciones antes de dormirnos
Jaculatorias
El Espíritu de Dios habla en el niño
Retiros Espirituales
Convivencias
6.NO NOS DAMOS REGALOS
Relaciones meramente espirituales
7 FORMACIÓN
8.POBREZA
Pobreza en el Culto de Dios
9.NUESTRO FUNDADOR
10.HISTORIA DE CIVITAS
11.EL DON DE ESCUCHAR A DIOS
12.COMIENZO DE CIVITAS
13.UNIDAD Y FRATERNIDAD
14.CONFESIÓN Y SACRAMENTOS
15.NO ABRIMOS EL CORAZÓN A NADIE
16.OBEDIENCIA
¿Obediencia a quién?
Cómo es la obediencia
17.DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN
18.PATRONOS PRINCIPALES DE CIVITAS
Jesús, María y José
San Jerónimo romano
Santo Tomás de Aquino
Santo Tomás Moro
San Josemaría
19.APOSTOLADO DIRIGIDO
Personas que debemos buscar
Qué es clericalismo
20 QUÉ ES CIVITAS
21.CLASES DE MIEMBROS DE CIVITAS
Turistas
Cooperadores
Residentes
Ciudadanos
Libertad de entrega
Somos asociación
Sencillez de nuestro carisma
Las virtudes
Trabajo específico
22.DIRECCIÓN DE CIVITAS
23.RENOVACIÓN DE LA ENTREGA
24.LA SANTIDAD QUE DIOS NOS PIDE
Qué es santidad
25.FIDELIDAD
Promesa para quien es fiel
¿Fieles a qué?
26.DETALLES PEQUEÑOS
27.FILIACIÓN DIVINA
El enfoque de la filiación divina:
1.Arrepentimiento
2.Entrega
3.Confianza en la providencia
4.Lo primero que debemos buscar
5.Seguridad en la oración
6.Someternos al dolor
7.Saber perdonar
8.Culto al Padre Dios
28.ESPÍRITU DE SERVICIO
29.ALEGRÍA
30.MENTALIDAD LAICAL
Secularidad en el templo
31.APOSTOLADO DE PEDIR
¿Cómo se sostiene Civitas?
32.IMPORTANCIA DE LAS VIRTUDES
Definición de virtud
Importancia de las virtudes
¿Cómo se adquieren las virtudes humanas?
Importancia de las virtudes en n. Espiritualidad
33.DIVISIÓN DE LAS VIRTUDES
Virtudes humanas
Virtudes sobrenaturales
División de las virtudes sobrenaturales
34.VIRTUDES INFUSAS
Cómo crecen las virtudes infusas
Virtudes teologales
Virtud de la Fe
La fe se puede perder
La fe es la primera virtud teologal
Virtud de la Esperanza
Virtud de la Caridad
35 VIRTUDES MORALES
Virtudes cardinales
Prudencia
Justicia
Fortaleza
Templanza
36 ORDEN
Orden en las ideas
Orden en el ser
37 TRABAJAR LAS INSTRUCCIONES
38 AMOR A LA IGLESIA Y AL PAPA
39.PROVIDENCIA DE DIOS
40.MORTIFICACIÓN Y PENITENCIA
41.MADUREZ
42 APOSTOLADO Y PROSELITISMO
Diferencias entre apostolado y proselitismo
Cómo se hace el apostolado
Qué es proselitismo
43.ENTREGA
44.LIBERTAD
Vicios de la libertad
45.DISCRECIÓN
Discreción en la entrega
Discreción en la oración
Discreción en la mortificación
46.SACERDOTES COMO CRISTO
Sacerdocio ministerial y sacerdocio real
Alma sacerdotal y mentalidad laical
Los Poderes de Cristo
47.ESTUDIO
Formas de conocer
Intuición
Infusión
Por medio de los sentidos
Patronos intelectuales
48.VISIÓN SOBRENATURAL
49.RELACIONES CON LAS AUTORIDADES ECLESIÁSTICAS
INTRODUCCIÓN
Este es el Plan de Formación para las nuevas vocaciones, el cual será dictado y explicado, individualmente, por quienes tienen el encargo de llevar la asesoría fraterna.
Cada semana debe tocarse un punto de estos durante 30 minutos aproximadamente. Una vez que se haya terminado el Plan de Formación, conviene recordar en cada asesoría algún punto de los Fundamentos, aunque sea por unos cortos minutos, para tenerlos siempre muy presentes en nuestra lucha por adquirir la santidad y no olvidarlos nunca.
En los Fundamentos están resumidas las notas más características de nuestra vocación y del carisma específico y peculiar que Dios nos ha regalado.
Debe insistirse en la obligación de asimilar los Fundamentos, amarlos y transmitirlos, sin añadir ni quitar nada, para poderlos entregar a los que vienen detrás sin deformación alguna.
De que tú y yo cojamos el carisma de nuestra vocación depende el que lo podamos transmitir a las generaciones venideras y que este se conserve sin deformaciones hasta que haya hombres sobre la tierra.
Perder el carisma es perder la ruta del camino y no llegar a la santidad que Dios quiere de nosotros.
En la historia de la Iglesia han aparecido instituciones que se han acabado porque perdieron el carisma original que les transmitió su fundador. Perdieron el “fervor de su primera caridad” como reprocha el Señor en el Apocalipsis a los de la comunidad de Laodicea, y entonces estos se volvieron tibios, y por eso “voy a vomitarte de mi boca” (Ap 3, 15-16).
En Civitas no nos volveremos tibios, porque no dejaremos perder el fervor de nuestro carisma original, el que Dios le entregó a nuestro Director, porque Dios cuenta con la responsabilidad y entrega nuestra.
Pon atención a lo que aquí se dice, y que no haya necesidad de repetir dos veces lo que ya has oído. ¡Ten presente que todo esto viene de Dios!, y que tendrás que rendir cuenta de cómo lo has vivido y transmitido.
¡Que nada de lo de Dios se deforme por tu culpa! Que la gente al conocerte diga: ya sé lo que es Civitas porque conozco a alguien de allí.
1. ASESORÍA FRATERNA
QUÉ ES LA ASESORÍA:
Es una charla sobrenatural en la cual damos cuenta del estado de nuestra alma, del grado de encendimiento respecto de la vocación divina que hemos recibido.
Damos cuenta de cómo es nuestra lucha para cada vez cumplir mejor los deberes de nuestra vocación a una entrega total, tal como nos lo pide el Señor.
CÓMO DEBE SER:
Clara, concisa, concreta, breve.
QUIÉN LLEVA LA ASESORÍA:
Civitas, el Director de Civitas, los demás llevan la asesoría en nombre del Director. Cualquiera que lleve la asesoría es el mismo Director quien la lleva.
Nadie lleva la asesoría en nombre propio sino a nombre del Director.
Quien aconseja, aconseje siempre pensando: ¿qué diría el Director?, ¿qué diría el fundador?
GRACIA DE ESTADO:
La persona encargada de llevar la asesoría, en ese momento de la asesoría tiene gracia de estado, que es una gracia especial de Dios para darnos el consejo oportuno que necesita nuestra alma, para corregirnos y alentarnos en el camino de santidad que hemos emprendido.
Confiar en la gracia de estado, que es un don de consejo, de conocimiento y corrección que Dios da a quienes tiene el encargo del Director de llevar la asesoría.
Como Moisés, por orden de Dios, le pasó a Josué los dones de su valor y fortaleza para continuar la guerra del pueblo de Dios contra las ciudades enemigas (cfr. Dt 3,28), quien tiene en encargo del Director de llevar la asesoría de nuestra alma, Dios en ese momento le transmite los dones necesarios para alentarnos a continuar en la batalla por la lucha de la santidad.
OBJETO DE LA ASESORÍA:
Identificarnos con el espíritu de Civitas.
Permitir que Dios construya la Ciudad de la Oración en nuestras almas, para que Él pueda habitar dentro de nosotros.
Quitar todos los obstáculos que se oponen a la construcción de la Ciudad dentro de nosotros.
Dar cuenta cada semana del avance de la obra construida, o del retroceso si lo hay.
Darnos a conocer tal como en realidad somos, permitir que nos conozcan y nos digan cómo somos: quitar defectos y potenciar virtudes.
Vivir la virtud de la prudencia, que entre otras, nos permite la asesoría ir a la fija en cada acto de nuestra vida. Así evitaremos cometer más errores en nuestra vida, y en adelante, que nuestra existencia sea un canto triunfal de mejora cada día, para la gloria de Dios y el provecho de nuestra alma.
Y por último, lo más importante del objeto de la asesoría fraterna: a la asesoría vamos a conocer la Voluntad de Dios en nuestra vida para identificarnos con ella y tratar de cumplirla a perfección.
TEMAS QUE DEBEN SER TRATADOS:
Estado de ánimo, alegrías y tristezas si tristezas hay. Luces de la oración.
Tiempo dedicado a meditar las Instrucciones.
Cómo estamos viviendo nuestra llamada a ser almas contemplativas.
Dar cuenta de la lucha por mejorar en las virtudes.
Cómo empleamos todo nuestro tiempo, porque nuestro tiempo se lo entregamos a Dios, por medio de Civitas y lo administran los Directores. En Civitas nadie puede decir al Director: no tengo tiempo, porque el tiempo se lo hemos entregado a Dios por medio de los Directores.
Dar cuenta del apostolado y recibir indicaciones concretas acerca de cómo debemos hacer el apostolado y la forma de conducir a las personas.
Siempre damos cuenta de las indicaciones que nos dijeron en la asesoría anterior, y copiamos atentamente las nuevas indicaciones.
VISIÓN SOBRENATURAL
En la asesoría fraterna no vemos a la persona que nos lleva la asesoría sino al Espíritu Santo, al espíritu de Civitas, que nos habla por medio de alguien. No importa que quien nos lleve la asesoría fraterna sea joven o viejo, experimentado o no, que lleve muchos años o pocos años en Civitas.
No apegarnos a quien nos lleva la asesoría; los Directores son quienes nombran la persona indicada para conducir nuestra alma. Hoy es una persona, mañana puede ser otra, la que Dios disponga.
La asesoría fraterna es un regalo que nos dio el Espíritu Santo a nuestra Civitas, y debemos valorarla, agradecerla.
La asesoría fraterna es el medio más eficaz para madurar, para formarnos, para identificarnos con la Voluntad de Dios en nuestra vida, para conocernos tal como en realidad somos, y para ir a la fija en todo lo que hagamos.
Los consejos recibidos en la asesoría son materia de obediencia, y Dios nos pedirá cuenta de la forma como procuramos vivirlos.
La asesoría es la mejor ayuda que podemos recibir para adquirir las virtudes que nos faltan, quitar los defectos y madurar así nuestra personalidad, e identificarnos con Cristo que es el ejemplo de Hombre perfecto.
Con la asesoría fraterna ejercitamos la virtud de la prudencia, porque nos lleva a pedir consejo antes de actuar: “Cuatro ojos ven más que dos”, dice la Escritura Santa, y agrega: ¡Pobre del solo, de quien se cae y no tiene quien lo pare”, “Un amigo es un tesoro” y ese tesoro es el amigo, el hermano que en nombre de Civitas nos lleva la asesoría fraterna.
Además vivimos este principio: “Ante la duda abstente”. Nunca actuamos en caso de duda porque tenemos la oportunidad de consultar y salir de dudas.
En Civitas no excusamos irresponsablemente los errores diciendo: “creí que”, “pensé que”, “me imaginé qué”, cuando tenemos oportunidad de consultar para no equivocarnos.
DEFECTOS QUE SE DEBEN EVITAR
Locuacidad, que consiste en dar vueltas alrededor de un mismo tema: hablar mucho y no decir nada.
No hablar claro, es otro defecto que es falta de sinceridad salvaje. ¡Una verdad a medias es una completa mentira!
Evitar dar la sensación de autosuficiencia: el mostrarnos que ya nos las sabemos todas, o el suponer que ya sabemos lo que nos van a decir.
Tener pena o temor a la persona que nos lleva la asesoría, es una tentación diabólica.
Perder en la asesoría la visión sobrenatural y hacer un enfoque humano de esta.
Falta de confianza en los Directores, que nos llevaría a tener espíritu crítico y a no obedecer.
A la asesoría fraterna vamos con una actitud de gran respeto y humildad, y a la vez llenos de confianza, delicadeza y cariño con la persona que nos lleva la asesoría.
La asesoría no se retrasa, mejor se adelanta en caso de algún inconveniente.
Llevar a la oración y repasar con frecuencia los consejos que hemos recibido de Dios por medio de la asesoría fraterna.
Las grandes crisis de la gente de Dios, en otros lugares, es debido en su mayor parte a que no tienen a quien pedir consejo; van de un lado para otro consultando a varias personas a la vez, y cada una les dice una cosa distinta porque no las conocen bien, y porque el ocasional consejero no tiene tiempo suficiente para detenerse a examinar el asunto con cabeza fría y oración. Entre nosotros no pasa nada de esto porque abrimos el corazón solamente al hermano nuestro que nos lleva la asesoría o al Director de Civitas, y a nadie más.
El Director puede llamarnos en cualquier momento para saber cómo vamos, y con él sí podemos tranquilamente abrir el corazón, sin necesidad de pedir permiso a la persona que nos lleva la asesoría.
También podemos acudir al Director en cualquier momento para hablar con él, cuando nos dé la gana, sin pedir permiso a nadie.
En la asesoría se cuidará especialmente la unidad con el Director, la unidad con los otros hermanos y el cariño fraterno.
A la asesoría no vamos a hablar de los defectos de nuestros hermanos, para eso hacemos corrección fraterna, rezamos por ellos y no hacemos comentarios de ninguna clase acerca de nuestros hermanos que pudieran convertirse en murmuración, falta de caridad y de unidad.
A la asesoría vamos a hablar de nosotros mismos y no de los demás, ni mucho menos de los defectos que veamos en nuestros hermanos. Los defectos de los demás los corregimos acudiendo a la corrección fraterna, que se consulta siempre al Director, o a la persona que nos lleva la asesoría, y esa persona se encarga de darle el trámite correspondiente a la corrección.
Quienes tienen el encargo del Director de recibir asesorías fraternas, nunca hablan en su propia asesoría acerca de los problemas de las personas que asesoran, esto lo hablan exclusivamente con el Director que les asignó el encargo de asesorar a ese hermano suyo, y con nadie más. Quien asesora a un hermano suyo no trata en su asesoría los problemas del hermano que asesora.
Por supuesto que acerca del apostolado personal que cada uno hace con personas de la calle, sí se habla claramente en la asesoría fraterna, para pedir indicaciones y para dar cuenta del estado de esas almas.
Hay diferencia entre asesoría fraterna y apostolado personal dirigido.
La asesoría fraterna es el encargo de dirección y de consejo que se lleva a un hermano nuestro por encargo expreso del Director.
Apostolado personal es el que cada uno hace con personas de la calle y pide consejo en la asesoría personal sobre cómo llevar hacia Dios estas personas, hasta conducirlas a una entrega total a Jesucristo en su Ciudad, su Civitas.
No hace falta que a las personas les contemos que las dirigimos por medio del Director, ni que le participamos al Director de sus asuntos, porque las podríamos bloquear y hacerles un grave mal para su alma.
En la asesoría fraterna lo mismo que en el apostolado, nunca el que los dirige hace preguntas por curiosidad: se pregunta lo necesario para entender el problema, pero nunca se hacen preguntas por curiosidad.
Preguntas curiosas son las que no aportan luz acerca del problema concreto del alma de la persona. Por ejemplo, la persona menciona de pasada a su hermano. Curiosidad sería comenzar a preguntar acerca de su hermano:
¿Y tu hermano es bien parecido? ¿Cuántos años tiene? ¿Tiene novia? ¿Tiene carro?¿Tu hermano es juicioso?.
Curiosidad es hacer preguntas que satisfacen nuestro morbo investigativo inoficioso, querer saber lo que en realidad no tenemos derecho a saber; pasaríamos por metidos, y la persona puede sentirse molesta por sentir que le estamos extrayendo una información que no es necesaria para ilustrar su problema.
La curiosidad es un vicio opuesto a la virtud del conocimiento, porque el conocimiento va a la esencia, a la raíz, y no a perder tiempo en las ramas.
2. CORRECCIÓN FRATERNA.
QUÉ ES LA CORRECCIÓN FRATERNA:
La corrección fraterna es una amonestación, llena de amor, que hacemos a un hermano nuestro, con el objeto de que corrija un defecto o adquiera una virtud necesaria para su santidad, para la convivencia con los demás y para su eficacia apostólica.
En Civitas vivimos la corrección fraterna, nos decimos las cosas de frente, a la cara; con caridad y sin herir, para que la persona corrija un defecto o adquiera una virtud.
Por medio de la corrección fraterna hacemos el papel de buenos pastores de nuestros hermanos.
CÓMO SE HACE:
Se consulta al Señor en la oración lo que hemos de corregir.
Se consulta al Director siempre primero antes de hacerla. Nunca se hace una corrección sin consultar al Director.
Cuando el director ha aprobado la corrección, se llama a solas a la persona y se le dice lo que hay que decirle, sin dar explicaciones.
Se termina diciendo: “El Señor esté contigo” y se responde: “Y con tu espíritu.” Luego damos cuenta al Director o la persona encargada, de haber hecho la corrección.
CÓMO SE RECIBE:
Se recibe siempre con una sonrisa en los labios y con una actitud agradecida hacia el hermano que se toma la molestia de corregirnos por amor.
Se escucha con humildad y en silencio; nunca, nunca, se dan explicaciones ni comentarios acerca de lo que nos están corrigiendo.
Al final damos las gracias. Debe notarse en nosotros una actitud sinceramente agradecida.
Luego comentamos en la asesoría la corrección que nos han hecho para dar cuenta de cómo hemos luchado en ese punto.
Debemos hacer corrección fraterna con frecuencia, es signo de buen espíritu.
PUNTOS FRECUENTES DE CORRECCIÓN:
Puntos más frecuentes de corrección fraterna: los puntos de corrección que debemos hacerles a nuestros hermanos de Civitas, son los mismos que una buena mamá le diría a sus hijos: comportamientos en la mesa, en sociedad, cómo habla, cómo ríe, cómo viste. Si alguien ha dicho un error o cometido una falta también se le corrige.
La corrección fraterna nos da libertad para comportarnos con plena confianza, porque estamos seguros que si cometemos un error, nos lo dirán.
La corrección fraterna evita el juicio crítico y la murmuración interior, y es signo de fraternidad, de caridad y unidad.
Tenemos que estar muy atentos a cuidar la unidad, y que a nadie se le escape ni siquiera un suspiro que revele falta de unidad con el Director y falta de fraternidad. Atentos para corregir de inmediato el menor chispazo de falta de unidad y fraternidad, porque esto incendia y destruye la Ciudad construida sobre las bases del amor y la obediencia.
La corrección fraterna evita las ironías e indirectas; nosotros decimos las cosas directamente sin rodeos, con caridad y amor, y no con bromitas.
CUESTA MÁS HACERLA QUE RECIBIRLA:
Por eso debemos agradecer el esfuerzo, el vencimiento, que el hermano nuestro hace por tratar de ayudarnos.
Agradecer la corrección fraterna y rezar por el hermano que nos la ha hecho; como igual rezamos por aquel a quien le hemos hecho corrección fraterna. “El sabio ama la corrección, y el necio la rechaza” dice la Escritura
CORRECCIÓN A LOS DIRECTORES:
Especial obligación tenemos de cuidar a los Directores con la corrección fraterna. Si no corregimos a un Director entonces él será imitado en ese error y puede hacer mucho daño a Civitas: no podemos permitir que nadie destruya nuestra espiritualidad y la sencillez de nuestro carisma.
3. DÍA DE RONDA
Los soldados en el ejército tienen asignado un día para vigilar el regimiento. Ese día la seguridad de todos depende del centinela de turno.“Centinela, alerta” dice la Escritura.
Por el descuido del centinela de turno, que dejó una pequeña puerta de la ciudad sin cerrar bien cayó Constantinopla, y todos sus habitantes fueron pasados a cuchillo por las manos enemigas de los turcos.
Constantinopla era la última fortaleza del Imperio Romano, y al caer esta ciudad se derrumbó todo un Imperio que había dominado a la humanidad por más de 1.700 años (comenzando 200 antes de Cristo).
El Día de Ronda es el día de la responsabilidad grave de cuidar la Ciudad de los ataques enemigos.
En nuestra Ciudad también tenemos asignado un día de ronda para cuidar a cada uno de los habitantes de la Civitas, de la Ciudad de Dios.
Ese día nos encargamos de rezar más por la unidad de la Ciudad, que seamos “un solo corazón y una sola alma”
Ese día ofrecemos pequeñas mortificaciones por nuestros hermanos, rezamos por la fidelidad de cada uno de ellos, con nombres propios y los llevamos a la oración para ayudarles con nuestra corrección fraterna.
En la charla fraterna hablamos de la forma como vivimos nuestro Día de Ronda, aunque en ronda debemos vivir todos los demás días para cuidar la fidelidad de nuestros hermanos.
4. DEVOCIONES PARTICULARES
La santidad no consiste en acumular devociones sino en vivir las virtudes.
Devociones sin virtudes es beatería, sería como construir un edificio comenzando por el techo y edificado sobre arena, y entonces cuando vengan las lluvias se irá a tierra, como advierte el Señor en el Evangelio sobre el que construye su casa, su espiritualidad sin buenos fundamentos.
El ejercicio de la santidad no consiste en vivir una larga lista de devociones particulares, sino en cumplir a cada instante la Santa Voluntad de Dios en nuestras vidas.
Para nosotros está primero la obligación que la devoción, y nuestra obligación es cumplir devotamente los compromisos adquiridos con nuestra vocación específica que Dios quiere de nosotros.
En Civitas tenemos nuestras devociones propias, y esas procuramos vivirlas con mucha fidelidad.
No debemos tener devociones privadas distintas de las que ya tenemos, porque nos distraen de nuestro objetivo principal: la lucha por adquirir virtudes, el estudio, el apostolado y los encargos del Director para sacar adelante la construcción de la Ciudad de Dios, la Civitas.
El Director dispensa de los compromisos con votos o promesas anteriores que alguno tuviese antes de venir a la Ciudad.
Si alguien no está dispuesto a dejar sus devociones privadas, aunque sea el mismo Jesús directamente o la Santísima Virgen quien se las hubiese pedido antes de venir a Civitas, debe entonces abandonar la Ciudad y seguir con su propia espiritualidad.
Las devociones privadas anteriores han sido preparación para venir a la Ciudad, a Civitas, pero ya estando en la Ciudad es necesario obedecer las normas de la Ciudad y no otras normas o devociones privadas, que nos pueden alejar del carisma que Dios quiere de nosotros.
Acumular devociones privadas distintas de las que ya el Señor nos puso en Civitas nos llevaría a centrar la lucha en puntos donde no debemos centrarla, y a descuidar los compromisos de nuestra vocación: hablar con Dios siguiendo las Santas Instrucciones para hablar con Dios, estudio, apostolado, el encargo o los encargos que el Director nos ponga, más nuestros deberes de estado a los cuales debemos hacerles frente si queremos ser santos.
Primero son los compromisos de nuestra vocación que los compromisos con nuestra devoción. Aquí vale decir: primero es el deber que la devoción particular.
Que nadie venga a Civitas a vivir sus novenas particulares, cuando nuestra novena diaria es la entrega total a la obediencia a Dios por medio de nuestros Directores; el que no esté dispuesto a vivir esto que se vaya -dice nuestro Director-.
En Civitas tenemos pocas devociones propias de nuestro espíritu, pero tan potentes, que siendo fieles a ellas y viviéndolas con amor son suficientes para adquirir una verdadera vida de piedad.
Las devociones son el régimen de alimentación espiritual, como la comida lo es para el cuerpo. Cuando uno se somete a un tratamiento médico tiene que obedecer al médico o dietista el régimen alimenticio que le mande para no tirarse el tratamiento.
Aunque toda comida engorda el cuerpo y toda devoción engorda al alma, es necesario que también el alma se someta a un régimen alimenticio balanceado para que se desarrolle proporcionadamente sin deformidades.
Quien se consagra a practicar un deporte físico sabe que la comida es el alimento, pero la comida no es lo esencial; lo esencial es el ejercicio corporal, el empeño, constancia y disciplina que ponga para triunfar en ese deporte.
Quien se dedica a practicar el deporte espiritual de la santidad, con disciplina y seriedad, sabe que las devociones son el alimento, pero esto no es lo esencial; lo esencial es el ejercicio de las virtudes hasta el grado heroico.
¿Qué pasaría con un deportista que simplemente se limitara a comer y no hiciera ejercicio físico? Se volvería un gordote repugnante que para nada sirve. Esto pasaría exactamente con quien se dedicara a buscar la santidad y se limitara a acumular devociones despreciando las virtudes: se volvería en beato santurrón intolerable, caricatura de santo, que nunca alcanzaría la perfección. De esto debemos estar muy atentos para que no nos pase nunca.
5.DEVOCIONES PROPIAS DE CIVITAS
Hacen parte de nuestro espíritu estas devociones:
OFRECIMIENTO ORDINARIO:
Ofrecerle a Dios cuando nos levantamos todo lo que hagamos en día. Esto podemos hacerlo con una pequeña oración vocal, o simplemente con nuestro corazón.
Nos puede servir de ofrecimiento del día, el rezar despacio la Consagración a la Santísima Virgen que rezamos en las clases, que ha sido inspirada por la Santísima Virgen a nuestro Director, y aprovechar para renovar en nuestro interior, de todo corazón. nuestra entrega a Dios
Esta devoción de Renovar nuestra entrega cada día a Dios es muy acepta a Él, y se la toma muy en serio.
Que la muerte nos coja renovando nuestra entrega a Dios, y entonces, Nuestra Madre Celestial, a pesar de nuestras flaquezas y miserias, nos llevará de la mano ante la presencia de su Hijo para gozar de Él eternamente en el Reino de los Cielos -dice nuestro Director-.
También nos puede servir de ofrecimiento ordinario la Oración para pedir la gracia de Dios, que nos la enseñó el ángel de Civitas:
“Señor, no apartes de nuestros ojos la gracia con la que hallaste a María.
No apartes de nuestros oídos la gracia con la que Ella te escuchó;
No apartes de nuestro corazón la gracia con la que Ella te amó”.
v. Señor, dadnos la gracia
r. Y hemos de obtener la salvación.
Otra oración que nos enseñó el ángel de Civitas y que puede servir de ofrecimiento del día, es:
“Borra, Señor, mi pasado,
cuida mi hoy,
prepara mi mañana”.
REZO DEL ÁNGELUS:
A las doce del día rezamos el Ángelus. Después del Ángelus podemos rezar una Oración al Santo Rostro.
VISITA AL SANTÍSIMO SACRAMENTO
Antes de comenzar la Santa Misa procuramos estar un buen rato con Jesús Sacramentado y prepararnos para vivir bien la Santa Misa. Este rato con Jesús Sacramentado se llama Visita al Santísimo Sacramento, la cual viene a constituir otra costumbre propia de nuestro espíritu.
Aunque no estemos gozando de la presencia real en un sitio donde esté Jesús en el Sagrario, porque Dios quiere que nos santifiquemos en nuestra propia casa o trabajo, y no en el templo propiamente, hacemos el ejercicio que nos ha enseñado nuestro Director, el ejercicio que él llama “Realidades Divinas”, consiste en poner a funcionar la imaginación.
La imaginación, para las cosas malas es la loca de la casa; pero la imaginación para las cosas buenas tiene un poder creativo, y la imaginación para las cosas de Dios tiene un poder de hacer realidad lo que pensamos.
Nuestro Director nos ha contado en las clases, este ejercicio de Realidad Divina que él hace, y que nos puede servir de ejemplo para nosotros hacer otros ejercicios como este:
Con la imaginación se sube por las noche al techo de un templo. Se mete como un ladrón por una pequeña ventanita abierta -el Señor nos perdona esta audacia, dice él-. Se descuelga por los lazos de las campanas y penetra al templo.
Nos cuenta nuestro Director que encuentra el templo solo y oscuro; en el fondo brilla una pequeña lucecita que indica que allí está Jesús Sacramentado todo entero para él, para nosotros, esperando con amor esta visita.
Luego, con el alma llena de emoción, se postra de rodillas ante Jesús Sacramentado para decirle palabras llenas de amor.
Y entonces, la imaginación vuela más lejos: se abre la puerta del Sagrario, Jesús asoma la cabeza y dice: ¡ven!. “y allí paso la noche durmiendo con el mismo Cielo” -dice nuestro Director-.
Nosotros también podemos pasar el día entero en la casa de Nazaret, y pasar la noche en la casa de José, escuchando las enseñanzas de Jesús y recibiendo las atenciones de María. Eso es el Sagrario: la casa de Nazaret, la Ciudad de la Oración, la Ciudad de Dios sobre la tierra.
Nosotros procuramos estar ante la Presencia de Jesús todo el día y toda la noche, porque lo nuestro es convertir nuestra casa en un templo de oración y en un lugar para adorar a Dios.
El Señor nos ha dicho, antes de tenerlo en su Pan Eucarístico en la sede de Civitas, “aquí estoy realmente con ustedes, aquí paso largas horas. Cuando me azotan en la calle vengo aquí a consolarme. Cuando lloro, hago lo que hace un niño pequeño que se acuesta en su cuna para que lo mezan. Nosotros tenemos que hacer de nuestra casa una verdadera Civitas donde Jesús se sienta a gusto.
MÁS REALIDADES DIVINAS
Otro ejercicio de poner la imaginación a trabajar realmente para Dios que nos ha enseñado nuestro Director, es este:
Por la noche antes de acostarse, y a veces a altas horas de la noche, invita a la Santísima Virgen a ir a nuestras casas para que sea ella la que nos bañe con la Sangre de su Hijo.
Yo me limito a acompañar a la Madre de Dios y a presenciar lo que ella hace.
La Virgen entra en el cuarto de cado uno o de cada una, derrama todo el Cáliz consagrado, que contiene toda la Sangre de Cristo sobre la cabeza de cada uno, y ella nos va haciendo este exorcismo, diciendo estas palabras: “En nombre de Mi amadísimo Hijo, Señor nuestro Jesucristo, espíritus malignos, ¡salgan de esta alma! Y váyanse a la Cruz de Cristo” (para que no queden sueltos por los aires).
Luego nuestro Directo observa cómo la Santísima Virgen nos pone las manos en la cabeza y dice a su Hijo: “Jesús, sánalo, Jesús sálvalo, Jesús libéralo. Jesús, si tú lo sanas, lo salvas y liberas, este quedará sano, salvo y libre”.
Luego escucha nuestro Director que la Santísima Virgen nos dice a cada uno de nosotros unas pequeñas palabras al oído -las que necesita su alma para ese momento-.
Tan eficaz es este ejercicio, tan real se convierte esta Realidad divina, nuestro Director ha recibido llamadas de personas, incluso de otras ciudades, que han recibido los mensajes en sueños.
LA SANTA MISA:
La Santa Misa es la mayor de las devociones, y no existe ni podrá existir jamás una devoción superior a ella. No hay en el Cielo un mayor sacrificio reparador que el Sacrificio de Jesús en la Cruz.
¿Qué es la Misa? Es la renovación incruenta del sacrificio cruento de la Cruz. -enseña la Iglesia-.
En el Sacrificio de la Cruz, Jesús derramó toda su Sangre por la salvación de todos los hombres de todos los tiempos. En la Santa Misa, Jesús derrama nuevamente toda su Sangre por la humanidad entera; pero en la Santa Misa la Sangre de Jesús cae, de forma especial, sobre aquellos que devotamente asisten a este Sacrificio.
¡Qué valor tan grande tiene una Santa Misa! Si una sola gota de la Sangre de Cristo puede limpiar de todos los crímenes al mundo entero -como enseña Santo Tomás de Aquino- ¿Qué diremos entonces de la Santa Misa, donde se derrama toda la Sangre de Cristo sobre cada uno de los asistentes?
Antes de la Santa Misa le pedimos a nuestro Padre Dios durante el día y la noche anterior, que nos haga dignos de participar del Santo Sacrificio de su Hijo.
Le decimos al Padre que le ofrecemos el Sacrificio de su Hijo, para:
-Adorarle: La Santa Misa le rinde mayor adoración al Padre Eterno que la adoración que le tributan todos los ángeles y los santos del Cielo, incluida la adoración de la misma Madre de Dios.
-Alabarle: No hay una mayor alabanza a nuestro Padre Dios, que la alabanza que le rinde su Hijo en la Santa Misa.
-Darle gracias: No hay una mayor acción de gratitud a nuestro Padre Dios, que la que le rinde su Hijo en el Santo Sacrificio de la Misa.
-Y pedirle perdón: La Santa misa es el único Sacrificio que aplaca la ira de Dios y obtiene la redención del género humano.
Al Padre sólo le place plenamente el Sacrificio y las Peticiones de su Hijo. Por eso lo más grande que nosotros podemos hacer, la devoción más grande, es unirnos al Santo Sacrificio del altar para hacernos uno con el mismo Cristo.
Le pedimos a nuestro Padre Dios, lo que le pide nuestro Director, por:
La Iglesia, el Papa, los sacerdotes, religiosos y todas las almas consagradas.
Por tu Civitas y por cada uno de tus hijos de tu Civitas, para que seamos fieles a la llamada recibida.
Por los seres queridos de tus hijos de tu Civitas. (Especialmente los que pasan por alguna necesidad, cumplen años de vida, o aniversario de muerte).
Por los cooperadores de tu Civitas para que los bendigas y les multipliques lo que han dado.
Para que envíes almas de oración para tu Ciudad de la Oración, y por las almas de oración del mundo entero para que perseveren en su excelsa misión.
Por la conversión de los pecadores, por los agonizantes del día de hoy para ninguno se condene, por la unidad de los cristianos y por las benditas almas del purgatorio.
También podemos agregar peticiones particulares en la Santa Misa, aunque nuestra intención particular más grande es unirnos a las intenciones de nuestro Director, que son básicamente: el que el Señor nos haga fieles a nuestra vocación y al carisma de su Civitas.
Después de la Santa Misa rezamos la oración a San Miguel Arcángel, tal como lo hacía antes la Iglesia después de terminar el Santo Sacrificio.
Unirnos a las Misas que se celebran en el mundo
Según los cálculos, se estima que hay más de cuatrocientos mil sacerdotes católicos en el mundo. Si cada uno de ellos cumple con su sagrado deber de celebrar cada día el Santo Sacrificio del altar, podrían celebrarse en la tierra cuatrocientas mil Santas Misas cada día, que dividido por veinticuatro horas, equivaldría a dieciséis mil seiscientas Santas Misas cada hora, a doscientas setenta y siete Santas Misas por minuto, y a más de cuatro Santas Misas por segundo.
Aún suponiendo que solamente una cuarta parte de los sacerdotes celebrasen cada día la Santa Misa, sería entonces una Misa por segundo, y no cuatro, con lo cual de todas formas es mucho. ¡Es mucha fuerza divina para aplacar la ira de nuestro Padre Dios por los pecados de los hombres y moverlo a la compasión!.
Se cumple pues lo que ya había profetizado el Padre Dios en el Antiguo testamento: “Desde donde sale el sol hasta el ocaso, se ofrece en Mi Nombre un sacrificio humeante”
Volviendo a las Realidades Divinas, que nos ha enseñado nuestro Director, podemos unirnos con la imaginación a todas las Santas Misas que se celebran en el mundo, más de cuatro por segundo, para hacer de nuestra vida, unida al Sacrificio de Cristo, una hostia agradable a Dios.
¡Que el último momento de nuestra vida nos sorprenda unidos a Cristo en el Sacrificio de la Santa Misa!. La santidad, el ser perfectos como el Padre Dios, para nosotros es muy fácil, porque no solamente contamos con nuestro esfuerzo personal, sino además con el poder de Dios que nos quiere hacer perfectos unidos a su Santo Sacrificio.
ACCIÓN DE GRACIAS:
Acción de gracias después de la Santa Misa: Después de Comulgar, la Sagrada hostia consagrada con el Cuerpo de Cristo, permanece en nuestro cuerpo de diez a quince minutos, durante este tiempo aprovechamos para quedarnos dando gracias al Señor y hablando con Él.
Se reza la Oración al Santo Rostro de Cristo que el Señor le dictó a nuestro Director y que la Iglesia hizo suya de inmediato dándole su aprobación oficial, mediante el Nihil obstat; y el Adorote devote compuesto por Santo Tomás de Aquino.
El momento de la Comunión, esos diez o quince minutos donde está dentro de nosotros el mismo Pan del Cielo, Jesús, es el momento de mayor intimidad con Jesús Sacramentado. Es el momento para decirle que lo amamos con todo el corazón, con toda el alma; pero más que hablar nosotros, es el momento para escucharle con mayor intensidad.
El Santo Josemaría dividía el día en dos: antes de la Santa Misa para prepararse para ella, y después de la Santa Misa para dar gracias a Dios por haberle recibido. Hagamos nosotros lo mismo, así nuestro día será una Santa Misa, un ofrecimiento constante de nosotros a nuestro Padre Dios.
Cuentan que el Santo cura de Ars, al ver una señora que después de comulgar salió inmediatamente del templo, le mandó a dos acólitos con dos velas encendidas para que la acompañasen por la calle.
La señora preguntó: ¿qué es esto?
Los muchachos le respondieron: ¿no se da cuenta que usted lleva por la calle a Jesús Sacramentado?
Pues que no nos pase esto a nosotros. Que nos demos cuenta que en el momento de la Comunión tenemos al mismo Cielo en nuestro pecho, a Jesús.
Muchos santos que valoraban tanto el momento de la Comunión, el Señor les dio la gracia de que permaneciese la hostia sin consumirse dentro de ellos. Se volvieron un sagrario permanente. Pidámosle esa gracia: “¡Quédate con nosotros porque sin Ti se hace tarde!” -como le dijeron los discípulos de Meaux-.
SANTO ROSARIO:
Ordinariamente rezamos el Rosario del día. Podemos rezar las otras tres partes si lo deseamos, y siempre y cuando cumplamos primero con las obligaciones de nuestra vocación (trabajar las Instrucciones -estudio de la doctrina- apostolado- encargos apostólicos que nos hace el Director y cumplir con nuestros deberes de estado).
Procuramos en el Santo Rosario unirnos a las intenciones de nuestro Director, y ofrecer cada decena por intenciones concretas. Estas son las intenciones del Director, las mismas que pedimos en la Santa Misa:
Primera decena: la ofrecemos por la Iglesia entera, y muy especialmente por el Papa, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos entregados al servicio de Dios, y por todos los laicos en general.
Segunda decena: la ofrecemos por Civitas y por la fidelidad de cada uno de los integrantes de la Ciudad de la Oración.
Tercera decena: la ofrecemos por los seres queridos de los miembros de Civitas.
Cuarta decena: por los cooperadores de Civitas para que Dios los bendiga y multiplique, por almas de oración para la Ciudad de la Oración, y por las almas de oración del mundo entero.
Quinta decena: por la conversión de los pecadores, por los agonizantes de ese día para que ninguno se condene, por la unidad de los Cristianos, por las benditas almas del purgatorio.
Cuando rezamos el Santo Rosario entre nosotros, debemos hacerlo con esas peticiones. Cuando rezamos cada uno por nuestra cuenta, podemos agregar otras intenciones particulares.
LECTURA ESPIRITUAL Y SANTO EVANGELIO:
Entre los dos leemos quince minutos; puede ser un minuto a cinco minutos de Evangelio y el resto de Lectura Espiritual.
Conviene leer y conocer a fondo el Santo Evangelio donde está la vida de Jesús, nuestro modelo. Al Evangelio vamos a filmar escenas de una película para grabar en nuestra mente y tener muy viva la vida de Jesús.
El Evangelio comienza con Mateo y termina con el Apocalipsis de San Juan. Cuando lo termines lo volveremos a comenzar. Hacen parte también del Evangelio, los Hechos de los apóstoles, todas las cartas de Pablo, Pedro, Santiago y Juan.
El Antiguo Testamento es un anuncio de la venida de Jesús, y solamente lo entenderemos bien cuando conozcamos profundamente el Nuevo Testamento o comúnmente llamado Evangelio, que significa Buena Nueva, Buena Noticia, la noticia de que Dios se ha hecho de carne y hueso como todos los hombres de la tierra.
EL LIBRO DE LECTURA ESPIRITUAL ES RECETADO:
El libro de Lectura espiritual es recetado por el Director, según un plan de formación doctrinal y ascético que necesita nuestra alma. Ascético significa ascenso, lucha por adquirir una virtud concreta o erradicar un defecto. Los Directores que conocen nuestra alma, y tienen gracia de estado para conducirnos, nos van recomendando el Libro de Lectura espiritual, necesario para esa lucha por alcanzar la santidad que nos hemos propuesto.
Nadie debe leer por su cuenta sin consultar, ningún libro espiritual. Este punto es muy importante y se repite: nadie debe leer por cuenta propia ningún libro, ni mensajes de la Virgen u otro tipo de mensajes; siempre se debe consultar todo lo que se lea, aún libros que no sean espirituales, porque el Demonio se ha metido en los libros. Quien no obedezca en las lecturas debe irse de Civitas, porque no está obedeciendo al régimen de alimento espiritual que se requiere entre nosotros.
La espiritualidad que nosotros debemos cultivar es la de los primeros Cristianos, comprometidos a ser santos en medio del mundo.
Los libros escritos por religiosos llevan la impronta de su espiritualidad propia: el apartarse del mundo, la mentalidad de víctimas y no de guerreros, el hacer énfasis en una serie de prácticas espirituales para vivir aislados en un convento, que en muchas ocasiones no son las apropiadas para los laicos que permanecemos en el mundo, y que nos toca conquistar ese mundo para Dios a punta de guerra enfrentándonos directamente contra las potestades infernales con sagacidad y sencillez: “Os envío en medio de lobos; sed sencillos como palomas y sagaces como serpientes” -dice el Señor en el Evangelio-. Nosotros no huimos de los lobos y nos toca enfrentarlos y defendernos de ellos siendo prudentes y precavidos, que en eso consiste la sagacidad.
Especial atención hay que tener con las biografías de los santos, que las han deformado, haciendo énfasis en las cosas extraordinarias y no en las cosas sencillas, y nos pintan un ejemplo de santidad basado en las devociones y no en las virtudes, que no es lo que Dios quiere de nosotros: nuestra santidad está basada en las virtudes. Todo esto nos puede confundir. Por eso obedecemos al consultar lo que leemos para no desviarnos del camino secular y laical que Dios quiere para nosotros.
ROSARIO DEL PADRE:
El Rosario del Padre es una devoción que el Señor le inspiró a nuestro Director, para meditar la Oración que el mismo Cristo nos enseñó: El Padrenuestro, la oración más importante porque la compuso el mismo Cristo.
Se rezan tres decenas de Padrenuestros, una decena en honor al Padre, otra al Hijo y otra al Espíritu Santo. Al final de cada decena se reza el gloria y se dice:
A Ti la alabanza, a Ti la gloria, a Ti hemos de dar gracias por los siglos de los siglos, ¡Oh! Trinidad Beatísima.
Se contesta:
Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de tu gloria. Hosanna en las alturas.
Se dice:
Santo Dios, Santo fuerte, Santo Inmortal.
Se contesta:
Ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
El Señor le hizo ver a nuestro Director que esta oración es muy potente para alabar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y que debíamos tener gran devoción para rezar la oración que el mismo Cristo nos enseñó: el Padrenuestro
ORACIÓN AL SANTO ROSTRO
Una devoción permanente que Dios nos regaló, para tener presencia de Dios a cada instante, es la Oración al Santo Rostro, la cual se la dictó el Señor a nuestro Director. Conviene rezarla muchas veces durante el día, y difundir esta oración. El rezarla muchas veces al día es signo de buen espíritu, oportunidad de unirnos para pedir lo que pide el Director y apoyarlo en sus intenciones.
Miradas al Santo Rostro de Cristo, el Santo Rostro, con las señales de su Pasión, es otro regalo que el Señor nos quiso hacer a nuestra Civitas, por medio de nuestro Director.
La forma extraordinaria como el Señor le regaló al Director las lágrimas y su Sangre, fue de una forma ordinaria, como es todo lo nuestro. Dios hace para nosotros cosas extraordinarias de forma ordinaria.
El Director tenía un Rostro corriente de la Sábana Santa, que colocó sobre un cuadro de rosas pintadas al óleo. Le echó por detrás agua a la imagen del Rostro, pidiéndole al Señor con mucha fe que él deseaba que se confundiera su Rostro con las rosas del cuadro, mientras acariciaba tiernamente la imagen de su Rostro.
Pero El Señor le concedió al Director algo mayor: que el agua no borrara su Rostro que estaba impreso en tinta de computador, una letras que había abajo si las borró; y el agua al secarse dejó impresas las huellas de su Sangre y de su lágrimas.
Además la expresión del Rostro cambió completamente, es una expresión donde se nota el gesto de dolor del Señor por sus heridas, y unos ojos vivos que nos miran.
Algunos han notado que el Rostro cambia de expresión según la casa de la persona que lo tiene.
Conviene tener enmarcado el Rostro en un lugar donde lo podamos mirar con mucha frecuencia durante el día, rezarle la Oración y pedirle muchas gracias para su Iglesia y su Civitas.
EXAMEN DE CONCIENCIA
Antes de acostarnos hacemos un breve examen de conciencia de un minuto, donde revisamos como hemos vivido los compromisos de nuestra vocación durante el día.
Revisamos cómo hemos trabajado las Instrucciones, cómo hemos cumplido nuestras costumbres, en especial la Santa Misa y la Sagrada Comunión, revisamos que medios estamos poniendo para hacer apostolado y traer gente a la Ciudad de Dios, a su Civitas.
Oraciones antes de dormirnos. Ya en la cama, antes de dormirnos, rezamos la Oración al Santo Rostro, y hacemos la Consagración a la Santísima Virgen.
JACULATORIAS:
rezamos durante el día con frecuencia estas jaculatorias, que nos las ha regalado el Señor para Civitas:
Jesús María y José, mantened mi casa en pie. Esta jaculatoria se la inspiró el Señor a nuestro Director el Día de la Sagrada Familia, el 29 de Diciembre de 1997, fecha de la fundación de Civitas. Jesús María y José son los patronos principales de Civitas, que Dios nos ha puesto como modelos de vocación contemplativa a imitar, y los guardianes de nuestra casa, nuestra vocación, para que ellos la mantengan siempre en pie, como supieron mantener en pie la casa de Nazaret.
Jesús María y José, mantendrán en pie nuestra vocación hasta el final de nuestra vida, y mantendrán en pie a Civitas hasta el final del mundo -dice nuestro Director-.
Nos cuenta María, la esposa del Director, que cuando ella le cuenta a su esposo que es necesario dinero para algún asunto, él inmediatamente dice, dirigiéndose a la Sagrada Familia: “Ya escuchaste Madre; ya escuchaste Señor.” Y que el dinero aparece de inmediato.
También acudimos a la Sagrada Familia, nuestros patronos, con esa jaculatoria, para pedirle por nuestras necesidades económicas, tanto las de Civitas como las de cada uno, para que ellos provean los medios que nos hacen falta para cumplir con nuestra misión de almas entregadas al Señor en nuestra vocación contemplativa.
Al comenzar y terminar nuestras reuniones, y nuestras devociones, rezamos las Jaculatoria a la Sagrada Familia de Nazaret, y la invocación a la Madre de Dios como: “Mater Civitatis” Madre de la Ciudad de Dios, la Ciudad de la Oración.
Regina Civitatis, Reina de la Ciudad. Con esta jaculatoria reconocemos a la Madre de Dios, como la Comandante de la Ciudad de la Oración y como Reina de todo el universo. Ella es la Reina de la Ciudad de Dios: ¡el Cielo!.
Otra jaculatoria. Invocar a cada instante el Santo Nombre de Jesús, para pedirle protección de todo mal. Nuestro Director dice:
“Cuando el demonio me tentare -me tienta a cada instante, dice-, le diré que no tiene parte conmigo, porque muchas veces en el día digo: JESÚS, JESÚS, JESÚS…, y así podemos rezar varias decenas de Jesúses en el día.
Invocar El Nombre de Jesús especialmente en los momentos de peligro y en las tentaciones.
EL ESPÍRITU DE DIOS HABLA EN EL NIÑO:
Cada año, al comienzo de la Pascua de Resurrección, meditaremos despacio en las clases y de forma individual El Espíritu de Dios habla en el niño, basado en el Decenario del Espíritu Santo de Francisca Javiera del Valle, y ampliado por nuestro Director.
El Espíritu de Dios habla en el niño es como un manual para almas de oración, donde llevados de la mano del Espíritu Santo, El Maestro, nos enseña las armas para guerrear en la pelea espiritual, nos enseña las trampas del maligno enemigo y las formas de vencerlo con la ayuda de Dios.
CURSO DE RETIRO Y CONVIVENCIAS
Cada año haremos un Curso de retiros y mínimo una convivencia.
Los retiros los podemos hacer meditando uno de nuestros documentos propios: Instrucciones, bien un tema concreto, o una variedad de ellos. También sirven para la meditación todos los escritos que nos ha dejado nuestro Director: Enseñanzas Evangélicas, La historia del rey David, El sacrificio de Abraham, etc.
CONVIVENCIAS
En las convivencias se pueden tocar temas más variados: temas como por ejemplo: un documento oficial de la Iglesia, profundizar en un libro de lectura espiritual, los documentos de los Antiguos Cristianos, una Encíclica Papal, etc.
6. NO NOS DAMOS REGALOS
Entre nosotros no nos damos regalos. Le damos regalos a la Ciudad, a Civitas; pero no damos regalos a las personas.
Cuando queremos compartir algo con un hermano nuestro, por ejemplo una camisa, porque nos damos cuenta que ese hermano nuestro necesita esa camisa, no se la entregamos a él directamente sino al Director. El Director se la entrega al que la necesite sin contarle quien la envió. Así ese hermano nuestro no queda endeudado con quien se la dio, ni se siente en la obligación de hacerle una atención de gratitud.
Esto es fina caridad: dar sin que el que reciba sepa de dónde viene.
No nos hacemos regalos ni siquiera insignificantes; todas las cosas que recibimos de parte de los amigos y de las personas con las cuales hacemos apostolado, las ponemos en manos de los Directores y ellos distribuyen a los demás según sus necesidades.
Tampoco entre nosotros nos pedimos favores personales, ni siquiera insignificantes, sin consultar al Director. Esto es un detalle de fina caridad para respetar el tiempo y las cosas de nuestros hermanos, y para no abusar de su gentileza y generosidad. Además no venimos a Civitas a ser servidos sino a servir.
Si un hermano nuestro nos solicita un favor que esté al alcance de nuestras manos y no interrumpa nuestro tiempo de oración, estamos dispuestos a hacerlo con gusto; si podemos consultar al Director antes de hacerlo, consultamos primero, si no da tiempo de consultar hacemos el favor y luego comentamos en la charla por si da lugar a una corrección fraterna.
Lo nuestro es no valernos de la gente de Civitas para nada material, por eso acudimos a nuestros familiares y conocidos en las cosas materiales. En la asesoría fraterna sí podemos comentar, si es del caso, el asunto material que nos hace falta.
RELACIONES MERAMENTE ESPIRITUALES:
Nuestra fraternidad no tiene repercusiones sociales
-prácticamente en la calle no nos conocemos-. No invitamos a nuestra casa a ninguno de nuestros hermanos, salvo una cosa extra y con permiso especial del Director. No invitamos a nuestros hermanos a fiestas ni acontecimientos familiares. En la casa y en la calle cada uno hace su propia vida con sus familiares y amigos.
Lo nuestro es, como dice San Josemaría: “Abrirnos en abanico a las demás personas para atraerlas a Dios” y no formar un grupito social cerrado entre nosotros. No formamos grupo social. Somos una asociación de almas de oración que nos une el amor de unos por otros pero no conformamos un grupo cerrado y exclusivo.
Si alguien celebra una fiesta en su casa no tiene obligación, ni debe, invitar a ninguno de la Ciudad. Si considera conveniente invitar a unos, por motivos apostólicos, lo debe consultar.
No nos valemos de nuestros hermanos, ni de nadie que asiste a los medios de formación de Civitas para establecer relaciones comerciales, para hacer sociedades de negocio o para solicitar trabajo profesional, ni para que nos den recomendaciones de trabajo.
No utilizamos a nuestros hermanos, ni a nadie que viene por Civitas para que nos sirvan de fiadores, ni les ofrecemos ventas de nada, ni de carros, ni de casas ni de ningún tipo de boletas y rifas, ni tortas y pasteles, ni seguros de vida. El que es vendedor, que ofrezca sus productos en la calle. Nuestra relación fraternal es eminentemente espiritual.
7. FORMACIÓN
La pirámide de nuestra formación está compuesta de un edificio de tres pisos; sus bases profundas son la humildad y la obediencia.
El primer piso de esa pirámide lo componen las virtudes, el segundo la doctrina y el tercero la piedad.
Tratar de construir una vida de piedad, sin doctrina y sin virtudes es construir una casa sobre arena. Las virtudes sostendrán la casa en los momentos difíciles de vientos y terremotos.
Practicamos todas las virtudes. Algunas virtudes claves para nuestra vocación y nuestra entrega, son: generosidad, docilidad, humildad, obediencia, sinceridad, autenticidad (virilidad en los hombres, feminidad en las mujeres), naturalidad, elegancia , buen gusto y sencillez, simpatía, delicadeza en el trato, finura, alegría, sinceridad de niños que dicen lo que sienten sin importar el qué dirán.
Entre nosotros no hay títulos ni doctores: nos tratamos de tú, con confianza respeto y naturalidad. Los Directores son nuestros hermanos mayores y los tratamos con la confianza como se trata a un hermano mayor: con respeto, naturalidad y sencillez.
Nosotros pertenecemos a la aristocracia de la inteligencia y venimos a Civitas a cultivar la inteligencia para obtener sabiduría, y cultivar la voluntad para obtener virtudes; todo esto en medio de una gran sencillez y naturalidad.
Cómo somos no servimos, y tenemos que convertirnos en masa blanda para dejarnos moldear según el aire de familia de Civitas. Tenemos que ser con los Directores: “Como el vaso de barro en manos del alfarero” -como dice la Escritura-.
Venimos a Civitas precisamente a adquirir la personalidad que no tenemos, a ser lo que no somos, a cambiar, a enderezar el chasis torcido –como dice nuestro director-.
“El único distintivo la Ciudad de la Oración será la paz profunda en el corazón de cada uno” (Dice una de nuestras Instrucciones). No llevamos insignias ni distintivos de ningún tipo. Pero la gente, al vernos o al oírnos hablar dirá: esta persona tiene a Dios en su corazón.
Dios construirá, por medio de los Directores, la Ciudad de la Oración en nuestras almas, al ritmo de nuestra docilidad y humildad. Importancia de la docilidad para dejarnos dirigir.
No ser motivo de preocupación para nuestros Directores por la terquedad y falta de docilidad en nuestra entrega.
8. POBREZA
Nuestra pobreza es elegante. Nuestra pobreza no es ostentosa: nuestra pobreza la llevamos en el alma, al estar desprendidos de todo lo que tenemos y no estar apegados a nada. Pero no nos presentamos como pobres, como igual no nos presentamos como muy mortificados, ni muy penitentes.
Nuestra pobreza la vivimos cara a Dios y no cara a los hombres. Nuestra pobreza es el buen gusto. Nuestra pobreza nos lleva a poner al servicio de las cosas de Dios en la Cuidad de la Oración, lo mejor. A Dios le ofrecemos lo mejor, y queremos que las cosas de Dios estén bien puestas.
Nuestra pobreza nos lleva a comportarnos como un padre de familia numerosa y pobre a la hora de hacer un gasto.
POBREZA EN EL CULTO DE DIOS:
Para Dios no queremos ser pobres. Dios se merece lo mejor de lo mejor. Dice Camino: “En las cosas de Dios se gasta lo que se deba aunque se deba lo que se gaste.” Queremos que Dios esté a gusto en nuestros oratorios. Recogemos joyas para hacer vasos sagrados y custodias al Señor.
No podemos tener la mentalidad de los fariseos ni de Judas, que se escandalizaron de que se derramara un perfume fino al Señor.
La santa pobreza que nosotros vivimos es un ejercicio de desprendimiento, de confianza en Dios, de humildad, de vencimiento y sobriedad.
La pobreza se controla con los ojos, matamos la concupiscencia de los ojos, no mirar para no desear y no desear para no crear necesidad.
La virtud de la pobreza nos libera de poner a depender la felicidad de las cosas. Vaciarnos de las cosas para podernos llenar de Dios: una de dos o nos llenamos de Dios o de las cosas, de las cosas que no tienen la capacidad de llenarnos.
Nuestra pobreza nos hace ricos porque al sabernos hijos de Dios nos damos cuenta que el mundo es nuestro, y porque al buscar llenarnos de Dios ya llenamos ese vacío que supuestamente nos llenarían las cosas.
Nuestra pobreza permite que llenemos de riqueza a otros, de la riqueza interior de nuestro corazón, lleno de felicidad, de gozo y alegría.
Nuestra pobreza nos llena de complejo de superioridad: al sabernos superiores porque somos hijos de Dios, no necesitamos cosas para llenar el complejo de inferioridad que tienen los ricos del mundo.
Nuestra pobreza nos libera del peso de los apegos de las cosas y nos hace desprendidos, para volar libres por el mundo hasta el corazón de Dios.
Nuestra pobreza nos llena de confianza en Dios que siempre nos mandará los medios necesario para vivir con dignidad y poder vivir los compromisos de entrega a nuestra vocación.
Nuestra pobreza nos hace generosos: “No temas vaciar tus despensas”
-dice un punto de las Instrucciones-. Sabemos que al dar a los demás por Dios, Él nos restituirá con abundancia.
9. NUESTRO FUNDADOR
Es normal que las nuevas vocaciones deseen saber algo de la vida del fundador de Civitas, y en ese caso se pueden contar algunas cosas. La idea es presentar una idea real de nuestro director y no una imagen deformada.
Todas las cosas de su vida han sido normales, nada raras; no hay nada extraordinario. Todo lo normal y lo corriente tiene que ver con nuestro carisma.
Todo proyecto es producto de la imaginación de alguien, y toda institución es en el fondo la prolongación de una vida real.
Civitas no es producto de la imaginación del Director sino una vida, un camino por el cual Dios ha ido llevando primeramente a nuestro fundador, para que él al experimentarlo y conocerlo nos lo pueda transmitir.
En este caso Civitas, la ciudad donde Dios nos ha puesto, tiene que ver mucho con las vivencias de nuestro Director.
Nuestro fundador es el instrumento del cual Dios se valió para traer a la tierra la Ciudad de la Oración. Nuestro fundador dice de él mismo que es “una bolsa de basura” y que por eso Dios lo escogió para esta gran misión: “porque a Dios le gusta depositar sus tesoros en bolsas de basura” -y esto dice él, lo afirma con toda verdad-.
Nuestro fundador dice de él que de santo no tiene ni un pelo; pero reconoce tener experiencia y formación para dirigir las almas. Reconoce tener: gran amor a la Santísima Virgen y una gran confianza en Dios, lo cual hace parte esencial de nuestro carisma.
El conocer algunos aspectos de su vida nos servirá para entender nuestro carisma y nuestra llamada.“Dios se vale de toda circunstancia para templar sus instrumentos” -dice nuestro fundador-.
Nació en un hogar cristiano, sencillo y de clase media.
Desde los doce a los veintidós años, perteneció a los Scouts. Allí aprendió el amor por la naturaleza y el gusto por la vida dura. Allí aprendió a aconsejar a los demás compañeros de su misma edad.
Dios le permitió desde su más tierna infancia, dice él, conocer el corazón humano y aprender a preocuparse por la suerte de los demás, esto hace parte de nuestro carisma.
En el contacto con la naturaleza desarrolló un gran sentido de observación, optimismo, espíritu de lucha y sentido deportivo de la vida. Todo esto dice él le será útil más tarde para llegar a la vocación contemplativa a la cual hemos sido llamados nosotros.
La experiencia de la vida dura sí que se necesita para vivir esta guerra de amor por implantar el Reino de Dios sobre la tierra.
Quería ser abogado pero su madre se lo impidió diciéndole que su abuelo materno había perdido su fortuna por la picardía de abogados deshonestos.
Para no contrariar a su mamá, cursó entonces cualquier carrera, con el simple objeto de estudiar algo. Escogió la carrera de Economía, pensando que tenía que ver con el Derecho, pero al poco tiempo se dio cuenta que ni era su carrera ni tenía que ver con el Derecho.
Por no causarle un dolor a su padre, que era pobre, decidió terminarla “a los trancazos, en medio de una gran decepción y depresión, porque no tenía a Dios.”
Cursando Economía, cuando tenía veintidós años, conoció el Opus Dei y se entregó a él el día 24 de Septiembre de 1966, Día de la Virgen de la Merced, “la que recata de la esclavitud, y a mí me recató de las cadenas del pecado.” -dice él-.
En el Opus Dei le plantearon cursar estudios de Filosofía y de Teología, los cuales se los tomó con gran entusiasmo y dijo para sí: “Como he sido tan maqueta en mis estudios, ahora sí voy a tomarme la filosofía y la teología seriamente, con una gran pasión.”
Terminó el ciclo de estudios filosóficos y teológicos exigidos para la formación sacerdotal, de un sacerdote del Opus Dei; pero no para ordenarse sacerdote sino para ser un buen laico con doctrina. Estos estudios sí se los tomó en serio, con todo su corazón y con toda su alma.
10. HISTORIA DE CIVITAS
Nuestro fundador nunca pensó fundar nada. Estando en el Opus Dei comenzó a escuchar la Voz de Dios en su corazón que le decía:
“Tírate del edificio alto, sin paracaídas, que Yo te aparo.” Entendió él que debería salirse del Opus Dei para obedecer la Voz de Dios.
“Lo que estás haciendo aquí, asesorar espiritualmente a varones, quiero que lo sigas haciendo en otro lugar, y que también Me formes mujeres con carácter varonil.”
Él en el Opus Dei solamente podía asesorar varones.
Pero al principio no quiso obedecer esa Voz; antes por el contrario se llenó de sentimientos de indignidad, y se dijo: “Sí he de salirme del Opus Dei, solamente lo haré por ser indigno de esta maravillosa Institución”.
Fue una lucha de cuatro o cinco años, en los cuales dice él que casi se vuelve loco. Pero al final triunfó la Voz de Dios. Es que quien no escucha la Voz de Dios, que le habla al corazón, se vuelve loco.
Dejó el Opus Dei el 2 de Octubre de 1996, día de los Ángeles Custodios, después de 30 años, lleno de un profundo sentimiento de indignidad.
Le dijo a los ángeles: “ahora quedo suelto, en el aire, el Día de los ángeles, y ustedes tendrán que brindarme una mayor protección.”
“ Nunca me ha faltado la protección de mi ángel de la guarda a quien le tengo mucha devoción y le debo muchos favores en mi vida.” -dice él-.
Dios quiso que nuestro Director permaneciera en el Opus Dei por treinta años, para que conociera bien el carisma de esa Obra de Dios fundada por San Josemaría Escrivá, este camino de santidad en medio del mundo, que tantos bienes le ha traído a la Iglesia por su ortodoxia de doctrina, obediencia al Papa y a los pastores, espíritu proselitista, y entrega total a Dios.
El carisma del Opus Dei es la esencia del carisma de nuestra Civitas. Nuestro Director dice que él no se ha inventado nada, que simplemente se ha limitado a transmitir el carisma que aprendió en el Opus Dei, que eso es lo que Dios quiere de Civitas.
¿Cuál es entonces la diferencia de Civitas con el Opus Dei? En el Opus Dei se dedican a santificarse en medio del trabajo profesional que ya tienen: el abogado debe santificarse ejerciendo bien los deberes de su profesión, el médico como médico, el ama de casa como ama de casa, el obrero como obrero, etc., y cada uno debe permanecer en el mismo trabajo que tenía antes de entregarse a Dios.
En el Opus Dei convierten el trabajo en oración. En Civitas convertimos la oración -que es el oficio concreto que Dios quiere de nosotros-, en trabajo profesional, y hacemos este trabajo de la oración con la seriedad y responsabilidad de un buen profesional de otros oficios.
En Civitas nuestro trabajo profesional es la oración; nosotros hacemos de la oración nuestro trabajo principal, convertimos la oración en trabajo profesional, juntamente con el estudio de la Doctrina de la Iglesia, el apostolado, los encargos apostólicos y las obligaciones familiares de cada uno.
Civitas es un Opus Dei con un trabajo profesional ya muy bien definido por el Señor para nosotros: la oración, y en este trabajo profesional de la oración debemos santificarnos.
La oración en sí misma no santifica; lo que santifica es poner por obra lo que Dios nos dice en la oración. Aunque sabemos que la forma más directa como Dios nos habla no es al corazón, sino al oído: ¡por medio de la asesoría fraterna!.
11. EL DON DE ESCUCHAR A DIOS
Un Don que el Señor le regaló a nuestro Director, durante los primeros años de su entrega a Dios, y que es la esencia de Civitas, es el Don de escuchar a Dios en el corazón, este es el Don de profecía. El profeta Amós dice: “Cualquiera que escuche a Dios puede ser profeta.” San Pablo dice: “Entre todos los Dones aspirad a al Don de profecía.” (I Cor 14,1; 14,39).
Civitas es una escuela de profetas que nos dedicamos a quitar todos los obstáculos que nos impiden escuchar con nitidez la Voz de Dios; cuando tengamos nuestro corazón dispuesto, el Señor nos regalará este Don. Escuelas de profetas hubo en la antigüedad, a Isaías se le llama: “hijo de Amós” -hijo y discípulo de Amós-.
Esa Voz de Dios le ha anunciado a nuestro Director muchas cosas que luego se han cumplido tal como las ha escuchado, y esa Voz de Dios le sigue hablando cada vez con mayor nitidez, al no tener otros elementos ocupacionales que son distractores, porque la Voz de Dios exige total concentración.
Nuestro director después de salirse del Opus Dei, volvió a escuchar la misma Voz, la Voz de Dios en el fondo de su corazón, que le decía: “¡cásate!.” Respondió él: no conozco ninguna mujer, preséntamela tú. La voz que escuchó, dice él, que fue la voz de la Santísima Virgen, que le dijo que se dirigiera a un determinado lugar donde se celebraría una convocatoria de oración, que allí conocería a una mujer llamada María, y que esa era la mujer que Dios había escogido para él; le dio la Santísima Virgen muchas señales concretas para reconocer la que había de ser su esposa.
Dios quería que el Director se casara, para con su esposa dedicarse totalmente a la vida de oración y a la dirección de las almas; con su esposa podría cumplir el deseo del Señor de dirigir también mujeres.
El 29 de diciembre de 1997, Día en el cual la Iglesia celebraba la Fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret, escuchó claramente que Dios le pedía fundar La Ciudad de la Oración, “Mi Ciudad será conocida en el mundo entero como: Civitas Orationis”, este nombre lo escogió el Señor.
Escuchó que los Patronos de Civitas serían Jesús María y José, y de ahí salió la Jaculatoria: Jesús María y José, mantened mi casa en pie.
Escuchó que la Comandante de la Ciudad era la Madre de Dios, de ahí la jaculatoria: Mater civitatis, Regina civitatis, que significa Madre de la ciudad, Reina de la ciudad, y se responde en latín: ora pro nobis, que significa ora por nosotros.
Ese día, el día que Dios trajo al mundo la Ciudad de la Oración, su Civitas, su Ciudad amada, escuchó en su corazón la Voz de la Santísima Virgen que le dijo:
“Has oído que de Medellín saldrá la luz para todas las naciones de la tierra, la luz es esta: Medellín enseñará a escuchar la Voz de Dios a todos los hombres de la tierra: esa es la misión que Dios te pone”.
Por eso lo sacó Dios del Opus Dei, para enseñar a otros a escuchar la Voz de Dios. Esta es la misión principal de Civitas: escuchar la Voz de Dios en el corazón y enseñar a otros a escucharle; pero escuchamos para estar completamente disponibles para ejecutar lo que Dios nos pide a cada instante.
En eso consiste vivir el Reino de Dios sobre la tierra: en escuchar la Voz de Dios y dejarnos dirigir de Él para hacer su Santa Voluntad. Así fue al principio en el paraíso terrenal, y la tierra volverá a ser paraíso cuando cada uno escuche la Voz de Dios y haga la Santa Voluntad de nuestro Padre Celestial.
Desde ese momento nuestro fundador dejó sus negocios de bienes raíces, que los venía haciendo desde el Opus Dei, y se entregó por completo a escuchar la Voz de Dios por medio de la Escritura, y a escribir lo que esa Voz le decía: de ahí salieron las Instrucciones para escuchar la Voz de Dios.
“Las Instrucciones son azúcar refinada extraída de la caña dulce de las Sagradas Escrituras.”
“Las Instrucciones expresan con Palabras de hoy las ideas de siempre, las de la Escritura.”
12. COMIENZO DE CIVITAS
“Y comencé a tocar hombros, a hacer apostolado. Al principio me escuchaban con gusto, pero luego salían espantados cuando se daban cuenta que en Civitas se trataba de una entrega total a Dios sin medias tintas.” -dice nuestro fundador-.
“Estuve solo los primeros años prácticamente, del año 97 hasta el 2.000, completamente solo, viviendo la misma soledad que vivió Jesús en el desierto preparando su misión.
Esos primeros años de Civitas fueron tiempos de mucha privación, silencio, oración y soledad.
“Pero nunca me faltó la fe ni la confianza en Dios para esperar que la pequeña semillita echara algún día raíces de nuevas vocaciones.” -dice el Director- “Y los frutos no tardaron en venir” -agrega él-.
“Durante este tiempo de carencia absoluta, abandono y soledad nunca me vi pobre ni me sentí abandonado y solo, porque sabía que mi Padre Dios, la Santísima Virgen y los ángeles y los santos del Cielo me hacían compañía.”
Hoy Civitas es una realidad que va echando sus raíces, y que ha de llegar al mundo entero. ¿Cómo será esto? ¡Con el paso de Dios que es lento pero aplastante!.Todo esto depende de la fidelidad tuya y de la mía, dice nuestro fundador.
En Civitas nos forman uno a uno, como el pintor pinta con paciencia un cuadro al óleo, y no como el comerciante que saca en serie fotocopias abundantes.
Nosotros tenemos que dejarnos pintar como se elabora un cuadro al óleo, que no se termina nunca: Dios quiere hacer de nosotros una obra de arte, que se pule cada día por medio de nuestros Directores, y esto exige de ellos ir despacio porque absorbe demasiado tiempo.
Confiamos en la promesas que Dios le hizo a nuestro Director:
“Resonará hasta en las estrellas la Voz de Dios que escuchas en tu corazón”. El Señor se encargará de extender su levadura para que fermente toda la masa de los hombres: “No se enciende en vano una luz para ponerla debajo de la cama, sino que se pone en un alto monte para que alumbre a toda la ciudad” y el mundo sea una Civitas Dei, la Ciudad de Dios sobre los hombres, la Ciudad en la cual cada hombre deja Reinar a Dios en su propio corazón y hace su Santa Voluntad.
13. UNIDAD Y FRATERNIDAD
Una virtud que amamos es la virtud de la unidad. “Todo reino dividido contra sí mismo será desolado” -dice la Escritura-.
Unidad en primer lugar con el Director, con el instrumento del cual Dios se valió para traer a la tierra la Ciudad de la Oración, su Civitas.
Rezar en primer lugar por el Director porque de su fidelidad depende la fidelidad de todos.
El Director vive en función de nosotros; el motivo de su oración somos nosotros, el motivo de su preocupación permanente somos nosotros. Se alegra con nuestras alegrías y las toma como suyas; se preocupa con nuestras preocupaciones y las toma como suyas. Él nos ha dicho, que puede decir lo mismo que Pablo: “¿¡ Quién enferme qué no enferme yo¡?.
Signo de predilección divina es el amor, la unidad y la identidad con el Director y con los otros Directores. Quien rechaza al médico, no puede creer en sus medicamentos y no se curará. Quien rechaza al Director no puede seguir el camino Dios que le indica el Director y no podrá servir en Civitas.
Tenemos que ser motivo de alegría para nuestro Director, y el primer motivo de alegría para él es vernos felices en nuestra llamada, fieles, encendidos, entregados, apostólicos y cumplidores con los deberes propios de nuestra vocación.
Cuando hay ataques del enemigo, el primero en ser atacado es el Director, porque el maligno sabe que si hiere al pastor se dispersan las ovejas, como lo advirtió el Señor en el Evangelio.
Unidad también entre nosotros. Tenemos que pedirle al Señor, que seamos “un solo corazón y una sola alma”, y que puedan decir de nosotros los extraños: “mirad cómo se aman”, como decían de los primeros cristianos.
Una persona que no tuviese unidad con los Directores y con los demás hermanos de la Ciudad, tiene mal espíritu, el espíritu de soberbia y desunión. Esta persona con su mala actitud destruye a Civitas. A esta persona hay que sacarla de inmediato de la Ciudad sin ninguna consideración, por más iluminada y santa que ella se considere, porque se vuelve un instrumento de Satanás para destruir la Ciudad.
Especial obligación tenemos todos de estar muy vigilantes con personas, que con sus actitudes demuestren tener falta de unidad; desenmascararlas y denunciarlas como se denuncia un sacrílego blasfemo.
Unidad es identificación total con el carisma que Dios le ha dado a Civitas, es el aire de familia que Dios le ha infundido a la Ciudad; quien no tenga el aire de familia no tiene el “buen olor de Cristo” que Dios quiere para Civitas.
La unidad se nota en el trato cariñoso, en la amabilidad, ternura, espíritu de servicio; en la disponibilidad total de entrega del tiempo para los más mínimos asuntos de la Ciudad. La unidad se nota en esa manifestación del eco que produce en el alma las cosas que aquí se dicen. ¡La unidad se nota en la mirada!.
El que esté aquí a contrapelo, a regañadientes, ¡que se vaya! -dice nuestro Director-. Por supuesto que a veces hay momentos en que las cosas de Dios cuestan más, y esto no es estar a regañadientes, ni es falta de unidad sino por el contrario es fidelidad a la llamada recibida.
La unidad se manifiesta en la alegría y gratitud con Dios y con los Directores de haber sido llamados para este camino de santidad.
Tenemos la costumbre de rezar mínimo al día una Oración al Santo Rostro pidiendo por el Pastor y las intenciones del Pastor.
¿Cuáles son las intenciones del Pastor a las cuales debemos siempre unirnos? El Papa y la Iglesia, Civitas y la fidelidad de cada uno de nosotros, los seres queridos de los hijos de Civitas. Los cooperadores de Civitas, almas de oración para Civitas y las almas de oración del mundo entero. La conversión de los pecadores y las almas del purgatorio.
Cuando estemos en otra ciudad o país, debemos escribirle cada mes una carta al Pastor, una carta sencilla, familiar, en la cual le contamos nuestras alegrías; las cosas negativas las llevamos a la asesoría. Normalmente el Pastor no contestará las cartas, porque sería para él quitarle tiempo, pero siempre las leerá delante del Señor y rezará por nosotros.
La unidad con el Pastor es signo de buen espíritu y seguridad de ser fieles a nuestra vocación. Rechazar el espíritu crítico y la murmuración contra el Pastor y cuidar la unidad con él es obligación grave. Quien tenga espíritu de desunión y espíritu crítico, hay que aislarlo de la Ciudad y quemarlo fuera, como se queman las basuras, porque destruiría nuestra Ciudad.
Pedirle al Señor, que entre nosotros seamos uno, como el Padre y el Hijo son uno.
Unidad en el amor; pero la unidad no es uniformidad: en materias opinables cada quien opina como quiera; cada cual conserva las características propias de su personalidad y temperamento, que pueden ser bien distintas de la nuestras.
Saber mortificarnos en nuestros gustos para darle gusto a los demás.
Vivimos el espíritu de servicio y no esperamos que los demás nos sirvan.
Con nuestros hermanos nos comportamos como una madre que pasa inadvertida procurando que sus hijos pasen bien.
14. CONFESIÓN Y SACRAMENTOS
Los miembros de Civitas asistimos a recibir los sacramentos en nuestra parroquia, como los demás fieles corrientes, que eso somos.
A la confesión vamos a acusarnos de nuestras faltas y pecados; pero no a excusarnos, ni a dar explicaciones, ni mucho menos a pedir consejos al confesor, cuando tenemos para ello el regalo de nos dio el Señor: la asesoría fraterna.
Es deslealtad con Civitas, con el Señor, acudir al consejo de un pastor diferente al que Él mismo nos ha puesto: el Director de Civitas, y poner así en peligro nuestra vocación, porque la otra persona, por más santa que sea, no tiene porqué conocer nuestro carisma.
Conviene acudir con frecuencia al Santo Sacramento de la Confesión, para recibir la gracia santificante, normalmente lo hacemos cada semana.
Somos almas de oración y penitencia y amamos el Santo Sacramento de la penitencia.
No es necesario tener pecados mortales para acudir a la confesión; es suficiente materia los pecados veniales y el dolor por las ofensas del pasado.
Conviene no acudir al mismo confesor de la parroquia y mejor variar de confesor, para no darle pie al sacerdote de que nos “manosee” y se meta en nuestra vida, y termine dando opiniones acerca de un carisma que él desconoce, y que por lo tanto no tiene nada qué opinar.
15. NO ABRIMOS EL CORAZÓN A NADIE
Los planes de Dios no se cuentan. Los planes de Dios no se consultan. No debemos abrirle el corazón a nadie, solamente a nuestros Directores y a la persona que el Director ha puesto para llevarnos nuestra asesoría fraterna.
Llevamos en nuestro corazón el tesoro de Dios y no podemos abrir las puertas de nuestro corazón, porque nos roban el tesoro.
A la persona que le confiamos un secreto o le participamos de nuestro estado de ánimo, le estamos dando autorización para que opine y se meta con nosotros, le estamos dando el encargo, indebidamente, de nuestra dirección espiritual. Ya Dios ha puesto a los Directores para que dirijan nuestra alma, y acudir a otros pastores es una rebelión sacrílega.
Tampoco abrimos nuestra alma a nuestros hermanos de Civitas; solamente a los Directores y a la persona que nos lleva la asesoría fraterna.
Qué es abrir el alma? Participar a otros de inquietudes, dudas, túneles, crisis, temores, momentos difíciles de nuestra vida espiritual. Si acudimos a los Directores, que son los buenos pastores para nosotros, saldremos adelante; pero si acudimos a otros pastores, que no son buenos pastores para nosotros, por más santos que sean, estamos siendo desleales, y ponemos en peligro nuestra vocación y con ello nuestra salvación eterna.
“El que después de poner los pies en el arado, da pie atrás, no es apto para entrar en el reino de los cielos” dijo el Señor en el Evangelio, y además: “Si la sal se torna insípida, ¿con qué se le volverá el sabor? Para nada vale ya sino par que la pisen.”
16. OBEDIENCIA
La virtud que debemos vivir es la obediencia, porque por la desobediencia Luzbel fue arrojado al infierno, y por la desobediencia de nuestros primeros padres, Adán y Eva, fuimos arrojados del paraíso.
Sólo con la obediencia conquistaremos el reino de los cielos y lograremos volver al paraíso.
¿Obediencia a quién? A la Santa Voluntad de Dios para nuestra vida.
¿Cómo se sabe lo que Dios quiere de cada uno de nosotros? Por medio de la obediencia al Director. “Dios se vale de los hombres para guiar a los hombres” -dice una de las Instrucciones-.
El que obedece nunca se equivoca. Obedecemos en todo lo que no sea pecado. En Civitas se nos puede mandar todo. A Civitas venimos a obedecer la Santa Voluntad de Dios que se transmite por medio de los Directores.
Civitas es un ejército de oración en orden de batalla, para arrojar al maligno de la faz de la tierra, y en un ejército hay que obedecer.
Venimos a una guerra, a pelear contra un enemigo más poderoso que nosotros y muy astuto: Sólo podremos vencerlo con la virtud de la obediencia.
Obedecer es hacer cosas absurdas a la mente humana; pero cuando hemos obedecido, y hemos hecho lo que nos han mandado, entendemos las maravillas del actuar de Dios. La obediencia solamente se puede entender plenamente después de haber obedecido.
Tenemos derecho a preguntar el “¿cómo ha de ser esto?” -como lo hizo María-.
CÓMO ES LA OBEDIENCIA:
-Sobrenatural: porque sabemos que viene de Dios y no de los hombres.
-Inteligente: preguntamos el cómo ha se hacerse, y hacerlo tal cual como nos lo han dicho y no de otra forma. No es suficiente obedecer; es necesario hacer las cosas tal cual como nos las han indicado. En la guerra no se puede cometer errores.
-Alegre: porque sabemos que lo que nos mandan viene de Dios.
-Pronta: inmediata.
-Libre: no obedecemos porque nos lo han dicho, sino porque nosotros queremos obedecer. Libertad es escoger entre lo bueno y lo óptimo, y en la obediencia Dios escoge de una vez para nosotros lo óptimo: luego la obediencia nos hace más libres porque Dios ha escogido para nosotros lo mejor.
Después de obedecer damos cuenta de haber cumplido lo que nos han indicado.
La unidad de un ejército solamente es posible conservarla si hay obediencia. ¿Qué sería de un soldado que se dedicara por su cuenta a combatir la guerrilla?
En las Instrucciones de Voluntad de Dios se profundizara en la obediencia.
17. DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN
Ella, La Madre de Dios, es Regina Civitatis, la Reina de la Ciudad de la Oración. La Santísima Virgen se dedicó a servirle a Dios en esta tierra y a escuchar la Voz de Dios, la de su Hijo, en su propia casa. A eso nos dedicamos nosotros, procurando imitarla: escuchar la Voz de Dios y hacer lo que Él nos diga.
La Santísima Virgen es la Comandante de la Ciudad de la Oración. Muchas de nuestras Instrucciones las ha recibido el Director de la Santísima Virgen. Trabajar las Instrucciones sobre La Madre de Dios.
Rezar el Santo Rosario con mucha devoción, y en cada decena ponemos intenciones santamente audaces.
Vale más un Avemaría bien rezado que miles de Rosarios rezados sin devoción.
Podemos rezar las cuatro partes del Santo Rosario; cuando rezamos solamente el Rosario del día, podemos entonces considerar en la oración cada uno los misterios restantes.
Tener una imagen de la Santísima Virgen en nuestro cuarto y en nuestro lugar de trabajo -de trabajo de las Instrucciones-, y mirarla con frecuencia para decirle con el corazón que la queremos.
La Santísima Virgen maneja las chequeras de su Hijo, y todos los favores espirituales y materiales que necesitamos para nuestro trabajo de almas contemplativas, se los pedimos a Jesús por medio de su Madre.
Cuando a nuestro Director le dicen que hace falta algo o que hay que pagar alguna cuenta, dice: “Madre, ya escuchaste.” La Santísima Virgen siempre escucha y soluciona el problema. Ella es la encargada de solucionar los problemas económicos de Civitas y de cada uno de sus hijos, para poder cumplir con nuestra vocación.
18. PATRONOS PRINCIPALES DE CIVITAS
Jesús, María y José:
Los Patronos principales de Civitas son Jesús, María y José. Civitas fue fundada el Día de la Sagrada Familia de Nazaret, el 29 de Diciembre de 1.997.
La Sagrada Familia de Nazaret es el modelo de almas contemplativas.
Ellos nos señalaron el camino de santidad que Dios quiere de nosotros: el hogar, hacer del hogar un templo para adorar a Dios y un sitio para escuchar su Voz.
Meditar y profundizar en la vida sencilla del hogar de Nazaret nos lleva a sacar muchas luces para nuestra vida de entrega en nuestra propia casa.
Rezamos la Jaculatoria:
Jesús, María y José: ¡Mantened nuestra casa en pie¡.
Con esta jaculatoria pedimos a Dios, por medio de la Sagrada Familia de Nazaret que sostenga la unidad de Civitas, la unidad de nuestras familias, y también la casa interior de nuestro propio corazón para que no se derrumbe ante los obstáculos que encontramos en la guerra de cada día.
Hay muchos santos que se dedicaron a escuchar la Voz de Dios en su propia casa. Todos ellos son nuestros hermanos mayores, que ahora escuchan la Voz de Dios en el Cielo, cara a cara, y son nuestros grandes aliados e intercesores de nosotros ante Dios.
Todos los santos que dedicaron su inteligencia a conocer a Dios son intercesores nuestros, entre ellos:
San Jerónimo Romano, se dedicó a meditar las Escrituras y tradujo la Biblia del griego al lenguaje del pueblo, del vulgo romano, la Vulgata. La mayoría de las Instrucciones para escuchar la Voz de Dios, son sacadas de la Escritura, y son como una enseñanza de lo que dicen las Santas Escrituras
Las Instrucciones son una traducción de las ideas de siempre al leguaje de hoy.
Santo Tomás de Aquino: “Santo Tomás con sus escritos llevó a la inteligencia humana, casi a la cumbre de sus posibilidades” -dice el Papa S. Pío Décimo-. Nosotros nos dedicamos a cultivar la sabiduría y al estudio de la doctrina para conocer a Dios. Nadie ama lo que no conoce, y en la medida que conocemos a Dios se ensancha nuestro corazón de amor por Él.
Santo Tomás Moro: Laico, casado y con hijos, abogado, consejero del rey Enrique VIII de Inglaterra, dio la vida por defender ante el rey la doctrina de la Iglesia, y como Juan Bautista dijo al rey: no te es lícito repudiar a tu esposa y casarte con otra. Por eso le cortaron la cabeza.
San Josemaría: lo llamamos cariñosamente nuestro abuelo, porque nuestro Director recibió de él sus enseñanzas. Podemos acudir a la oración para la devoción de San Josemaría para pedir favores. Este Santo abrió el camino de santidad en medio del mundo, y nosotros somos contemplativos en medio del hogar, sin salirnos de nuestro sitio.
19. APOSTOLADO DIRIGIDO
No somos ruedas sueltas ni hacemos las cosas por nuestra cuenta. Pertenecemos a un ejército en orden de batalla.
Nuestro apostolado es proselitista y va orientado esencialmente a hacer prosélitos, seguidores de nuestro mismo espíritu y llamada.
Nuestro tiempo es de Dios y no lo podemos arrojar a los cerdos, como dice el Señor en el Evangelio: “Las perlas no se les echan a los cerdos”. Nuestro tiempo es escaso y el pan de nuestro tiempo no se lo podemos dar a los perros sino a los hijos, nos lo enseñó el Señor en el Evangelio. Esto quiere decir que tenemos que ir sin pérdida de tiempo, a las personas que han recibido de parte de Dios las condiciones para que en ellas eche raíces la llamada a nuestro carisma específico de almas contemplativas.
Dar doctrina, decir una frase oportuna, con cariño y firmeza, esto sí debemos hacer a toda hora: “oportuna e inoportunamente” -como dice Pablo-, y esto no es necesario consultarlo.
Tocarle el hombro a una persona que vemos en el templo o en cualquier parte y que nos parece que puede servir para Civitas, tampoco tenemos que consultarlo, porque mientras lo consultamos ya se ha ido. Conocer esa persona a la que nos hemos acercado, podemos hacerla, y lo contamos en la asesoría. Ya seguir esa persona y dedicarle tiempo depende de lo que nos digan en la asesoría, si en realidad se le ve que puede servir para nuestra vocación específica o no.
Personas que debemos buscar:
Hay que buscar gente con mentalidad joven, deportiva; personas dóciles, humildes y generosas. Gente con deseo de aprender doctrina y las enseñanzas de la Iglesia y que tenga tiempo disponible para ello (el tener tiempo disponible es don de Dios).
Buscar gente con virtudes humanas porque ya tienen mucho ganado. Las virtudes humanas son la base de la santidad.
No sirven beatos ni beatas, gente que pone su atención en oraciones, rezos y reuniones y que desprecian las virtudes.
No sirve gente con mentalidad clerical, porque nuestro espíritu es laical y secular. Mentalidad clerical es pensar que el Cristianismo se limita a ir detrás de los sacerdotes y religiosos e imitarlos en su espiritualidad. El clerical busca a la persona del sacerdote y religioso, pero no busca la santidad.
No sirve gente que centre su cristianismo en girar alrededor de las actividades de la parroquia, porque nuestro espíritu es laical y secular. No sirve gente que estuvo en seminario o convento, porque no tienen el espíritu laical y secular, y quitarles su clericalismo es muy difícil.
¿Qué es clericalismo? Es pensar que la santidad es exclusiva de sacerdotes y religiosos y tratar de imitar su espiritualidad. Es pensar que la santidad de los laicos se limita a ser una larga mano del sacerdote y religioso, cuando en verdad los laicos tenemos nuestra espiritualidad muy propia y peculiar, distinta de la espiritualidad de los sacerdotes y religiosos.
Sirve gente de la calle que tenga el corazón abierto a las cosas de Dios. Sirven grandes pecadores que deseen cambiar de vida y entregarse con generosidad y humildad. Entre nosotros no caben los tercos ni los egoístas.
En la asesoría fraterna recibimos indicaciones acerca de cómo debemos ir llevando a las personas que nos parecen interesantes.
Por supuesto que no tenemos que decirle a la persona que nosotros comunicamos lo de él a los Directores, esto sería infantilismo.
Nosotros actuamos como el médico joven que le consulta al director del hospital la clase de medicamentos que le debe recetar a su paciente, precisamente para no irlo a matar con un tratamiento inadecuado.
En nuestro apostolado no hablamos de “Civitas”, sino de un grupo de formación en virtudes al cual pertenecemos, o de un grupo de estudio de doctrina. Si nos preguntan cómo se llama, respondemos: La Ciudad de la Oración. Civitas es nuestro nombre especial reservado para nosotros, que nos ha dado el Señor, y tenemos que cuidarlo de los extraños.
Nosotros no hablamos del termino: “comunidad”,porque esta es una denominación propia de los religiosos. Nosotros hablamos de “grupo”, “asociación”, que es más propio del lenguaje secular y laical.
No hablamos de expresiones propias de los religiosos, tales como: “tengo un apostolado”, nosotros decimos: “voy a charlar con alguien”.
En nuestro apostolado no hace falta decir cuántos somos, ni quienes son, porque este es un dato que debe llevarse con discreción. Ahora que somos pocos, no hace falta decir que somos pocos, y cuando seamos muchos no hace falta decir que somos muchos, porque toda la gloria es para el Señor. Debemos ser muy prudentes con la información a los curiosos y no irles respondiendo ingenuamente sus indiscretas preguntas: ¡usar la cabeza a la hora de responder!
En la asesoría nos dirán cuando podemos traer la persona a participar de nuestras clases doctrinales; esto es cuando la persona esté muy motivada y después de haberla conocido ampliamente.
Apostolado personal: nuestro apostolado es personal, “persona a persona”, cara a cara, individualmente. Podemos hacer grupos de estudio de la doctrina con personas que estén dispuestas a aceptar la doctrina de la Iglesia; pero no hablamos de Dios ni tratamos de hacer apostolado entre personas desconocidas; aquí toca ser pillos; chequear quienes pueden servir y luego conversar a solas con estos, no en grupo, porque la gente en grupo es muy cobarde.
El apostolado y el proselitismo lo llevamos en el alma y queremos pegar a otros el fuego que nos quema las entrañas: Que Reine Dios en cada corazón.
20. QUÉ ES CIVITAS
Es una asociación laical y secular de almas contemplativas y penitentes, que en su casa se dedican a escuchar a Dios en el fondo de su corazón siguiendo las Instrucciones para escuchar la Voz Dios. Nos dedicamos también al estudio de la Doctrina de la Iglesia y al apostolado.
Somos laicos corrientes, entregados a cumplir la Santa Voluntad de Dios en nuestras vidas, como lo fueron los primeros cristianos.
Nosotros no pertenecemos a la familia de los religiosos. La vocación religiosa se caracteriza por el “contentus mundi” “apartamiento del mundo, desprecio del mundo). Nosotros los laicos “somos del mundo pero no mundanos” -como dice el Apóstol Pablo-.
Nosotros pertenecemos a la familia de los primeros cristianos, que permaneciendo en el mundo, sin uniformes e insignias, sin cambiar de sitio o vivienda, se dedicaban a ser santos en medio de ese mundo hostil que los rodeaba, siguiendo las enseñanzas Evangélicas: “No te pido que los apartes del mundo, sino que los preserves del mal”.
Sabían bien los primeros Cristianos que buscaban la santidad en medio del mundo, que habían sido enviados por Jesús en medio de lobos, y por eso fueron sencillos y sagaces.
Nuestro espíritu es el mismo del Opus Dei, aprobado por la Iglesia y recomendado para todos los fieles católicos por la Constitución lumen Gentium, del Concilio Vaticano II.
Nuestra vocación no nos aparta del mundo; somos contemplativos en medio del mundo. Hacemos de nuestra casa un sitio para escuchar a Dios, como fue la casa de Nazaret, y un sitio más para adorar a Dios como lo fue la casa de Nazaret.
Nuestro modelo es la casa de Nazaret. María y José fueron las primeras almas contemplativas que escucharon a Jesús en su propio hogar, pasando desapercibidos por su entrega a Dios, sin uniformes ni distintivos de ninguna clase.
Por pertenecer a Civitas no hacemos nada especial que no debieran hacer los demás bautizados: apenas somos siervos inútiles que tratamos de hacer lo que todo bautizado debería hacer: santidad y apostolado. Nos dedicamos a cumplir los deberes del bautismo. Todos los bautizados están llamados a la santidad: “Sed perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto” -dice el Señor en el Evangelio-.
Es cierto que ningún bautizado por su propia cuenta es capaz de llegar a la santidad, porque se necesita un pastor, un guía, que conozca y dirija nuestras almas hacia la perfección que Dios nos llama. Y porque nadie es capaz de ir más allá de sus propias posibilidades, y la meta de santidad está muy por encima de nosotros mismos, permaneciendo solos. Nadie es capaz de aprender a tocar violín sin un maestro, ni piano, pues igual la santidad: necesitamos un guía que nos señale el camino que conduce al Cielo.
Con el Opus Dei, Dios vino a decir a la tierra que se puede ser santo en medio del trabajo profesional. Con Civitas, el Espíritu Santo nos fijó el tipo de trabajo profesional especializado al cual debemos dedicarnos: oración contemplativa-estudio de la doctrina-apostolado-responsabilidades propias y sacar adelante la Ciudad: ese es nuestro trabajo concreto y definido.
21.CLASES DE MIEMBROS DE CIVITAS
En Civitas hay:
Turistas. Personas que participan de nuestra formación, sin compromiso.(Aquí conocemos a fondo las personas y después de estudiarlas detenidamente vemos si tienen posibilidades de entregarse más a las cosas de Dios).
Cooperadores: son personas que cooperan con oración, cosas, trabajo y dinero, según sus posibilidades. No pertenecen a Civitas, pero rezamos por ellos cada día y son como los vecinos queridos, que sin ser de la familia se les tiene como de la familia.
Residentes: son personas que ya se entregan a Civitas y tienen visa de residencia concedida por los Directores.
Los residentes son miembros de Civitas y tienen un compromiso formal de obediencia al Pastor y el compromiso de meditar las Instrucciones cada día.
La visa de residencia la conceden los Directores después de que el candidato demuestra con hechos su deseo de entrega a Dios.
Los residentes pueden tener un trabajo profesional del mundo, según sus circunstancias familiares, y se pueden quedar como residentes de por vida sin necesidad de pasar a Ciudadanos. Los residentes que sienten la llamada de Dios y tienen capacidad de tiempo para dedicarse totalmente a la oración, estudio de la doctrina, apostolado, responsabilidades propias y encargos apostólicos, pueden pasar a Ciudadanos.
Ciudadanos: a los dos años mínimo de tener visa de residentes, los Directores pueden conceder la Carta de ciudadanía de Civitas. Asumen el el compromiso formal de vivir ciertas virtudes: pobreza, castidad (cada uno según su propio estado como soltero o casado), y la virtud de la obediencia.
Los Ciudadanos de Civitas están disponibles de tiempo completo para dedicarse a la construcción de la Ciudad, de la Ciudad de la Oración, la Ciudad de Dios, en el propio corazón y en el corazón de otros. De los Ciudadanos salen los Directores.
LIBERTAD DE ENTREGA:
si una persona después de haber hecho los compromisos, los vive, el mérito ante Dios es doble; si no los vive, el pecado es doble: falta a la virtud concreta que pecó y al compromiso que adquirió. Si una persona no desea continuar con sus compromisos, le comunica la Pastor y el Pastor le dispensa de sus compromisos, por supuesto que no sin antes poner los medios para tratar de disuadirle que no se tire al precipicio, y pierda su vocación y con ella poner en peligro la salvaci |