ENSEÑANZAS DEL EVANGELIO DE JUAN

“En el principio existía el Verbo” (Jn1,1). Desde siempre ha existido el Verbo –debió haber escrito Juan-; porque el Verbo Eterno, que soy Yo, no he tenido principio.

Juan, quiere decir que El Verbo Eterno de Dios, es el principio de todo lo creado, sin que Yo haya tenido algún principio.

Yo bajé a la tierra, hijo, y Me hice Hombre, para volver las cosas como eran al principio, como Mi Padre Celestial las diseñó originalmente.

Quien rige su vida por principios y valores, necesariamente se encontrará con quien es el Principio de todos los principios, Yo, Jesús, el Verbo Eterno de Dios; que sin dejar de ser Dios Me hice Hombre.

“El Verbo estaba junto a Dios y el verbo era Dios” (Jn 1,1). Yo, siempre he estado junto a Dios, porque Yo soy Dios. Yo bajé a la tierra, y ahora estoy junto a los hombres; sin dejar de estar junto a Mi Padre Dios y junto al Espíritu de Dios.

Yo Me hice Hombre; pero no Me hice Dios, porque a Dios nadie lo hizo. Yo he existido siempre, siempre, siempre. Esto no lo entenderás ahora en la vida presente; lo entenderás después en la vida eterna.

“Todo se hizo por él, y sin él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho” (Jn 1,3).

Mi Padre Dios todo lo creó con su Palabra, con su Verbo, con su Imagen, y el Verbo de Dios soy Yo, Jesús, la verdadera Imagen de Mi Padre Celestial.

Todo las obras de Mi Padre Dios las hizo por Mí y para Mí. Sin Mí no se ha hecho nada de cuanto ha sido hecho. ¿Te das cuenta por qué Yo soy el Rey del Universo?.

Mi Padre Dios, todo lo hizo para su propia gloria; para que las cosas le den gloria a Dios; porque Dios no puede darle gloria a nadie distinto de Él; porque no hay nadie superior a Dios. Y Mi Padre y Yo somos una misma cosa; quien ha visto a Jesús ha visto al Padre.

“En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Jn 1,4).

En Mí está la fuente de la vida, y en la Vida de Jesús está la Luz para todos los hombres de la tierra:

“Yo he venido para que tengáis vida y vida en abundancia”.

“Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

“Yo soy la luz del mundo y el que me sigue a mí ya no camina más en las tinieblas”.

“Y la luz brilla en las tinieblas” (Jn 1,5). La Luz de las enseñanzas Mías, brilla en las tinieblas de la ignorancia y el pecado; en las sombras oscuras de la muerte.

Los hombres, por el pecado original, quedaron en las tinieblas de la ignorancia y el error. Los corazones quedaron apagados de la Luz de Dios. Yo vine a la tierra a volver a encender los corazones apagados con el fuego del Amor de Dios.

La tragedia más grande de la tierra fue el pecado original; expulsó al hombre del paraíso del Corazón de Dios y lo sumergió en las cuevas oscuras del mismo Satanás. Yo vine a la tierra a tratar de poner las cosas como fueron diseñadas al principio por Mi Padre Celestial; para aquellos que se dejen, con plena libertad.

Pero los hombres en tinieblas, después de recibir la Luz, “no la recibieron” (Jn 1,5). Hoy el mundo, después de Mi venida, sigue igual: en las tinieblas; porque no quiere recibir Mis enseñanzas.

“Hubo un hombre enviado por Dios…Este vino a dar testimonio de la luz, para que todos creyeran” (Jn 1,6-7).

Todos Mis hijos escogidos son personas enviadas por Mi Padre Dios, para que den testimonio de la luz que hay en sus vidas y arrastren a muchos a la fe.

Mi Padre Celestial, quiere que tú seas testigo que Cristo vive entre los hombres, y des testimonio de Mi Palabra, para que por ti sean muchos los que crean.

Recuerda, hijo, que tú no eres la Luz, porque la Luz soy Yo. Tu papel no es arrastrar a la gente hacia ti sino hacia Mí.

Recuerda siempre que tu luz no es propia; si alguna luz hay en ti, te la he dado Yo. No muestres a los demás tu luz sino Mi Luz.

Tú no eres más que una bolsa de basura, que mientras más escondida se mantenga, más brillarán los tesoros que Yo he depositado en ella.

No se trata de que te sigan a ti sino a Jesús. Quien se vale de las cosas de Dios para brillar ante los hombres, es un ladrón que le roba gloria a Dios.

Yo, el Verbo, he sido y siempre soy: “la luz verdadera que ilumina a todo hombre” (Jn 1,9).

Yo soy Palabra, Verbo, Luz, Imagen perfecta de Mi Padre Dios.

Yo soy la Luz que ilumina toda luz. Mi luz brilla diez mil veces más que el sol.

“En el mundo estaba, y el mundo se hizo por él” (Jn 1,10).

Yo vine al mundo porque en el mundo siempre he estado como Dios, pues el mundo se hizo por Mí; por Mí fue hecho todo.

Cuando Yo vine a la tierra, no vine a un mundo desconocido para Mí, porque siempre como Dios, Yo he estado con los hombres. Yo vine al mundo de otra forma: vestido de carne humana, con el mismo uniforme de los hombres; pero sin dejar de ser Dios.

“Vino a los suyos y los suyos no le recibieron” (Jn 1,11).

Si a Mí Me rechazaron los Míos, también a ti te rechazarán los tuyos; para que no te hagas ingenuas ilusiones.

Yo no vine a los hombres de la tierra como si fuese un ser extraño. Me vestí de Hombre para ganar a los hombres, pero los hombres de la tierra no Me recibieron.

“Pero a los que le recibieron les dio la potestad de ser hijos de Dios” (Jn 1,12).

Me vestí de raza humana, para vestir a los hombres de la raza divina Mía. Todo aquel que Me reciba Yo lo haré hijo de Mi Padre Dios.

Quien se hace hijo de Mi Padre Dios, tiene derecho a la herencia eterna de Mi Padre Celestial. Yo bajé a la tierra a buscar los herederos del Reino de los Cielos.

Yo vine al mundo a ganar hijos para Mi Padre Dios, herederos de su gloria.

Esta es la misión que Yo te pongo, hijo: hacer de los hombres pecadores, hijos de Mi Padre Celestial, y hermanos Mío; bañados con la Sangre de Jesús.

“No nacidos de la carne, ni del querer del hombre, sino de Dios” (Jn 1,13). Los hijos de Dios no nacen, sino que se hacen por el querer de Dios. El ser hijos de Dios es un derecho reservado para los que creen en Mi Nombre.

Nadie por sus propias fuerzas tiene capacidad de llegar a ser hijo de Dios. Es Jesús, por Voluntad el Padre, el que da ese poder.

“El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn1,14). Ya te lo he dicho y lo repito, hijo, que lo más grande que ha pasado en la creación entera es que el Dios increado se vista de carne creada.

¿Para qué Me hice Hombre?. Para quedarme habitando entre los hombres de buena voluntad. Luzbel en su envidia se estremeció cuando supo que el Verbo se haría carne, y Satanás se llena de cólera cuando escucha que el Verbo se hizo carne, porque se opuso siempre a esto.

Los condenados del infierno se llenan de tristeza cuando escuchan que “el Verbo habitó entre nosotros”; porque entre ellos no habitó ni habitará jamás.

Hijo, el Verbo habita entre los hombres, para que los hombres habiten en Dios. La muerte no cambia nada. La muerte perpetúa, hace eterna, la situación en que te encuentres: habitando en Dios o fuera de Dios.

Lo esencial para ti, del Verbo de Dios hecho carne, es poder escuchar Mi Voz divina, aunque no veas Mi figura Humana. Yo soy Palabra de Dios que habita entre los hombres y soy Vida que da vida. Lo importante no es que puedas ver sino que tengas capacidad de oír lo que Yo enseño.

Los que ven la carne, se quedan muchas veces con la carne, y no son capaces de elevarse hacia el espíritu.

En el Cielo Me verás si en la tierra Me escuchaste.

“Hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14).

Juan, vio Mis milagros y prodigios; fue testigo de Mi transfiguración en el Tabor; y los que siguen Mi Palabra, también ven los milagros y prodigios que se realizan cada día en Mi Nombre.

La gloria Mía, es la gloria del Único Hijo que tiene la misma naturaleza divina de Mi Padre Celestial. Tu eres hijo de Dios por adopción; Yo soy Hijo de Dios por naturaleza propia, porque tengo la misma naturaleza divina de Mi Padre Celestial.

Los hijos adoptados por Mi Padre Dios, se pueden considerar: hijos de Dios, hermanos Míos; y tienen derecho a disfrutar conmigo la herencia Paterna.

Yo estoy lleno de Gracia y de Verdad. Yo soy la Gracia y la Verdad. La gracia es Dios y Yo soy Dios.

“De su plenitud hemos recibido gracia sobre gracia” (Jn 1,16).

Yo soy plenitud, y doy de lo que abundo; porque nadie puede dar lo que no tiene. Yo soy gracia y gracia doy. Yo participo a otros de Mi Vida Divina y los transformo en Mí.

“La Ley fue dada por Moisés; pero la gracia y la verdad vienen de Jesucristo” (Jn 1,17).

El hombre da lo que tiene: capacidad de legislar, como Moisés; pero la Gracia y la Verdad vienen de Mí.

Ahora Yo te pido que cumplas la Ley, que te llenes de Mi Gracia y que conozcas Mi Verdad, la única verdad. Yo no vine a abolir la Ley sino a darle cumplimiento.

“A Dios nadie lo ha visto jamás” (Jn 1,18). Juan aclara que antes de Mí, nadie había visto a Dios, pero que Yo me encargué de darlo a conocer, porque: el que conoce al Hijo conoce al Padre, porque Mi Padre y Yo somos una misma cosa.



LA BODA DE CANÁ

Invitaron a Mi Madre a una boda, y también Me invitaron a Mi con todos Mis discípulos (cfr. Jn 2,1). Me gustó el gesto generoso de los esposos de invitarme a Mí con tanta gente.

Yo asistí, porque Me gusta apoyar el compromiso que hacen los esposos para amarse. El amor es un compromiso permanente de darse el uno al otro.

Yo con Mi Madre, Me hago presente en cada boda, para bendecir el amor de los esposos en el Santo Sacramento del Matrimonio.

El Matrimonio es un sacramento, un gran misterio; significa el signo de la presencia del Amor de Dios por medio del amor humano.

El amor, cuando es verdadero, es un solo: el mismo Amor de Dios. El verdadero amor humano es participación del Amor Divino.

En el matrimonio, Mi Padre Celestial bendice el amor de los contrayentes. Si no hay amor no hay bendición ni matrimonio.

La Iglesia no anula el matrimonio. Simplemente declara que no llegó a realizarse el matrimonio.



SE ACABÓ EL VINO

Mi Madre, como su inmenso corazón de Madre que Ella tiene, se metió en la cocina presintiendo que con tanta gente, alguna cosa habría faltar para la fiesta. Y claro, se dio cuenta que no tenían lo más importante de una fiesta: el vino.

Mi Madre, inmediatamente acudió a Mí, con cara de tristeza, para avisarme que no tenían vino. Yo ya sabía que no tenían vino. Yo ya sabía lo que Mi Madre Me iba a decir.

Yo ya sabía para qué Mi Padre Celestial había querido Mi Presencia en esa boda. Pero como siempre: esperé que claramente Me manifestaran y dijeran lo que era necesario.

Mi Madre acongojada, Me dijo delante de todos Mis discípulos: ¡No tienen vino! (Jn 2,3).

María, Mi Madre, siempre hace uso de su autoridad de Madre con el Hijo Omnipotente y en forma imperativa y demandante, Me dice lo que a ti te hace falta.

Yo a Mi Madre la trataba de Mujer, porque Ella es la Mujer que apareció en el Cielo. Ella es la Mujer que Satanás rechazó. Ella es la Bienaventurada entre todas las mujeres. Ella es la Mujer por excelencia. Por eso Yo la llamaba, para honrarla: ¡Mujer!

Ante la queja imperativa de Mi Madre , Yo Me hice el incomodado y sorprendido, y le respondí:

-Mujer, ¿qué nos importa a ti y Mí, el que no tengan vino? (cfr. Jn 2, 4). Esto era para darle a entender que Yo no era el jefe de la fiesta.

Pero Yo, que conozco a Mi Madre, bien sabía Yo que Ella no se iba a quedar cruzada de brazos ante Mi desconcertante respuesta.

Y entonces, ante la mirada de reproche de mi Madre, ante Mi aparente frialdad, sentí la necesidad de explicarle Mi actitud. Le advertí a Ella, que Yo no podía hacer nada extraordinario todavía, porque aún no había llegado la hora de darme a conocer como Dios y hacer milagros (cfr. Jn2,4).

Si a Mí no Me importó el vino, a Mi Madre no le importó que no hubiese llegado aún Mi hora.

(A ti te narro el Evangelio,hijo, con mucha complacencia, porque veo que disfrutas con todos los detalles de Mi Vida).-¡Gracias, Señor!.

Mi Madre llamó en voz alta a todos los sirviente, los reunió al frente Mío; y en plan imperativo les dio esta indicación:

“¡haced lo que él os diga!” (Jn 2,5). Con lo cual Me coaccionó también a Mí a tener que decirles algo.

Mi Madre les dijo a los criados que hicieran los que Yo les dijera, con lo cual Me dijo a Mí: ¡Y Tú, diles algo!.¿Cómo iba Yo a fallarle a Mi mamá?, ¿Cómo iba Yo a defraudarla?. ¿Cómo iba Yo a dejarla quedar mal delante de los criados y todos los invitados a la fiesta?.

Ese es el consejo de Mi Madre a todo el que se acerca a Ella: ¡Haz lo que Jesús te diga!. Y luego Me dice a Mí: ¡Y tú, dile algo!, ¡Haz algo por él!.

Ya Mi Padre Celestial tenía previstas la tinajas para almacenar abundante agua. Había allí tinajas para llenar quinientos litros; lo cual no era una simple casualidad.

Entonces Yo les dije a los sirvientes:

“¡Llenad de agua las tinajas!” (Jn 2, 7).

No era fácil la tarea de llenar de agua todas las tinajas. Los sirvientes tenían que interrumpir la atención a la fiesta, e ir al pozo con cántaros de barro, para llenar quinientos litros de todas de la tinajas.

Muchos interrumpieron la fiesta y se dedicaron a ayudarle a los criados a traer agua del pozo para llenar las tinajas. Algunos de la fiesta pensaron: ¡vamos a ver con qué sale este!, otros pensaron: qué cosa tan curiosa, le dicen que no hay vino y nos pone a ir por agua; pero todos obedecieron, y fueron por el agua.

Los sirviente obedecieron y llenaron hasta arriba todas las tinajas. Entonces Yo convertí el agua en el mejor vino.

Hijo, pon tú el agua, y Yo Me encargo de poner el vino. Todo lo que te pido, si trabajas para Mí, es obediencia.

Luego ordené a los sirvientes que le diesen a probar el vino al maestresala, que era gran experto en vinos, porque no se encontraba allí, y no había presenciado nada (cfr.Jn 2,8).

El maestresala, al probar el vino Mío, comentó al esposo:

“Todos sirven primero el mejor vino, y luego, cuando ya la gente está con tragos, entonces sacan el vino más ordinario. Pero tú al contrario, has reservado el mejor vino para lo último” (Jn 2,10).

Hijo, estas son las enseñanzas con las cuales quiero que te quedes:

Cuando los esposos ponen el amor, Dios se encarga de ponerles abundante vino. En las familias donde hay amor no faltará nada.

La obediencia de los siervos, facilita siempre la acción extraordinaria de Dios.

Mi Madre se da cuenta de todo lo que falta en un hogar.

Dios a su Madre no le niega nada. Dios no se hace rogar de su Madre.

En Caná de Galilea, en la Galilea de los gentiles, en el país de las sombras de la muerte, quiso Mi Padre Dios que Yo hiciese Mi primer milagro, y así manifestar Mi gloria y Mi poder. Y Mis discípulos creyeron más en Mí (cfr. Jn 2,11).

De nuevo manifestaré Mi gloria y Mi poder, si lo que necesitas lo pones en conocimiento de Mi Madre.

Los esposos no tuvieron que quejarse por falta de vino. Ellos invitaron a la fiesta a Mi Madre con su Hijo, y Ella se dio cuenta de todo.

No hace falta que le digas a Mi Madre tus necesidades e ilusiones. Invítala a tu casa; invítala a la fiesta de tu vida, y Ella se dará cuenta de todo.



VOLVER A NACER

Nicodemo, era un hombre de gran corazón y muy honesto. Ya Me había escuchado en algunas ocasiones en el Templo, cuando Yo le hablaba a los fariseos. Nicodemo había quedado muy inquieto con Mis enseñanzas y milagros, y había concluido claramente que Yo venía de parte de Dios (cfr. Jn 3,2).

Nicodemo, como era fariseo, para no escandalizar a sus amigos, buscó la forma de hablar conmigo de la manera más discreta y escondida. Me buscó de noche para que Yo le explicara lo que no entendía.

Eso mismo te pido Yo a ti, y en realidad es lo que haces: buscarme de noche para que Yo te explique claramente el sentido de Mis Palabras.

Yo aproveché la ocasión del maestro que Me busca, para explicarle cosa importantes. Yo a Nicodemo le revelé muchas cosas claves para todos los hombres de la tierra; fue una conversación larga hasta las altas horas de la noche.

Yo no Me canso de hablarle a quien no se cansa de escucharme; y siempre saco de lo viejo cosas nuevas para él.



SALUDO DE NICODEMO

Nicodemo Me puso de presente, que Yo venía de parte de Dios como Maestro, porque nadie podía hacer los prodigios que Yo hago, si Mi Padre Dios no estuviese conmigo (cfr. Jn 3,2).

Por eso Yo te digo, que a cada persona la conocerás según lo que hace: “por las obras los conoceréis”. Tú lo sabes claramente, hijo: “que el actuar sigue al ser”; que cada uno actúa según lo que es. Esta regla nunca falla.

Para conocer realmente a las personas, no necesitas ver su rostro y su figura: mírale sus obras, y sus obras te dirán quien es. El rostro dice poco; las obras lo dicen todo.

Las personas pueden engañar con sus gestos y promesas; pero nunca pueden engañar con su comportamiento y con sus obras: “dime qué haces y te diré quien eres”. También a las personas las puedes conocer por sus amigos: “dime con quien andas y te diré quien eres”

-dice la sabiduría que el Espíritu de Dios le ha dicho al pueblo, sabiduría popular-.



NACER DE LO ALTO

Yo le dije a Nicodemo, para invitarlo a un cambio radical en su vida: “Si no naces de lo Alto no puedes ver el Reino de Dios” (Jn 3, 3).

Yo también había dicho antes, que solamente los puros de corazón podrían ver a Dios (cfr. Mt 5,8). Y ahora te digo a ti lo que le dije a Nicodemo; que para ver a Dios es necesario nacer de lo Alto, nacer de nuevo por medio de la gracia de Dios, los sacramentos.

Los puros de corazón son los que han nacido de nuevo de lo Alto de los Cielos; los que han obtenido la Gracia de Dios y Mi perdón, por medio del Sacramento del Bautismo y el Sacramento de la Confesión.

Los que tienen el corazón limpio de pecado y de toda mancha, verán a Dios y disfrutarán del Reino de los Cielos.

La limpieza de corazón implica un proceso de un nuevo nacimiento de parte tuya, y de una nueva creación de parte de Mi Padre Dios.

Para tú lograr la limpieza de tu corazón es necesario que Mi Padre Dios borre completamente tu pasado, y te vuelva a hacer de nuevo hoy: eso es nacer desde lo Alto del Cielo, para que así puedas ver el Reino de los Cielos de Mi Padre Dios.

Se nace de lo bajo por medio de la carne: “lo nacido de la carne, carne es” (Jn 3,6). Se nace de lo Alto por medio del Espíritu de Dios, que lo da la Gracia santificante de Mis Sacramentos: “lo nacido del Espíritu, espíritu es” (Jn 3,6).

Hay dos clases de personas: el hombre animal, nacido de la carne, por el pecado original y los pecados personales, y el hombre espiritual, nacido del Espíritu Divino.

Los hombres de la calle, que andan en pecado, son feroces animales salvajes, que viven en la edad de piedra. En la misma época del primer hombre, después de la expulsión del paraíso.

No importa que el hombre ande en coche o en avión; si está en pecado, es un simple animal bajo el dominio de la carne, y esclavo de las más bajas pasiones.

¿Te das cuenta la labor que Yo espero de Mis escogidos?: que Me ayuden a convertir animales en hijos de Mi Padre Dios. Esta fue la misión para la cual Yo vine al mundo.

El hombre animal no podrá gozar de los privilegios y derechos de los hijos de Mi Padre Dios: la herencia eterna del Reino de los Cielos.

Yo ofrezco una nueva forma de Vida: “Yo he venido para que tengáis vida y vida en abundancia”. Yo invito a una nueva forma de vivir.

Dile a todos los hombres de la tierra: ¿Para que vives como animal, si puedes vivir feliz como un hijo de tu Padre Dios?.



EL SOPLO DEL ESPÍRITU

Le dije a Nicodemo que el Espíritu de Dios, igual que el viento, sopla donde quiere.

El Espíritu de Dios, te ha escogido a ti para soplar su Voz en la quietud de tu alma. Y oyes su Voz; tú sabes de dónde viene, pero no sabes hacia dónde va.

El que ha nacido del Espíritu, escucha la Voz de Dios, que habita en su corazón, como igual escucha fácilmente el rumor del suave viento.



YO HABLO DE LO QUE SÉ

Yo hablo de lo que sé. Yo lo conozco todo y todo lo puedo hablar. Pero Yo hablo de las cosas de Mi Padre Celestial (cfr. Jn 3,10).

Lo que no conozcas, lo que quieras tú saber: estúdialo, investígalo, medítalo y consúltamelo a Mí, que lo sé todo.

Nunca hables de lo que no conozcas, porque no hablarías con verdad. Yo hablo de lo que he visto (cfr. Jn 3,11).



PASAPORTE PARA EL CIELO

Yo soy el primer Hombre que bajó del Cielo, y ningún hombre antes de Mí había subido al Reino Celestial (cfr. Jn 3,13). El Cielo, por el pecado original, estaba cerrado para todos los hombres de la tierra.

Yo vine a la tierra a otorgar el pasaporte para entrar en el Reino de los Cielos. Pero nadie sin pasaporte puede entrar en el Reino de Mi Padre Dios.

El Cielo es un estado muy reciente para el hombre, que se ha abierto gracias al “Fiat”, al “Sí” de Mi Madre, María.



MIRA LA CRUZ

Le anuncié a Nicodemo, que Yo debería ser levantado en lo alto de una Cruz, para que todo aquel que Me mirara pudiese tener vida eterna en Mí, y no perezca (cfr. Jn 3,14-15).

Como Nicodemo conocía muy bien el Antiguo Testamento, le expliqué que Mi Cruz ya estaba simbolizada en el acto de Moisés, cuando levantó la serpiente en el desierto, y los enfermos la miraban y quedaban curados.

Mirar la Cruz de Cristo, no es mirar simplemente la Imagen Mía colgada de una pared. Mirar Mi Cruz es ajustarte a Mi doctrina, cumplir todos los preceptos que Yo te he mandado; alentar tu vida de la Vida Mía que dejé en los Sacramentos, en especial la Eucaristía, y escuchar Mi Voz en la oración.



EL AMOR DEL PADRE DIOS

Aproveché la visita del maestro Nicodemo, para hablarle del amor tan grande que Mi Padre Dios tiene a los hombres: entregó a muerte a su Hijo:

“Tanto amó Dios a los hombres que entregó a su Hijo Único, para que todo el que cree en él no perezca, y tenga vida eterna” (Jn 3,16)

El amor de Dios hacia los hombres llenó de envidia a Luzbel, el peón rebelde que fue arrojado a los infiernos y hoy se llama Satanás. Satanás odia a Dios y a todos los hombres, porque por ellos derramé Yo toda Mi Sangre.

Si Mi Padre Dios se desprendió de su Único Hijo, y lo entregó a unos criminales fariseos, para que lo clavaran en la Cruz, no tienes tú derecho a apegarte a tus hijos ni a nada de lo tuyo.

Amor con amor se paga, y Mi Padre Dios entregó por ti a su Hijo.

El Hijo se entregó al Padre, y el Padre entregó a su Hijo para que muriera por ti.

Mi Padre aceptó Mi ofrenda, “para que todo el que crea tenga vida eterna en Mí” (Jn 3,15).

Yo soy portador de vida eterna, porque Yo soy Vida eterna. La Palabra de Dios es Vida Eterna.



YO NO VINE A JUZGAR

Yo no vine a juzgar, que es condenar, sino a salvar (cfr. Jn 3,17). Yo fui enviado por Mi Padre Celestial a ofrecerle a los hombres todas las posibilidades de perdón.

El que crea en Mí y practique lo que enseño, no será condenado; pero quien no crea en Mí y no viva Mis preceptos, ya está condenado por él mismo (cfr. Jn 3,18).

Yo no juzgo, no condenó al enfermo sin antes ofrecerle el remedio curativo. Yo vine al mundo para que el mundo se salve por intermedio Mío (Jn 3, 17).

Antes de Yo venir al mundo, los hombres estaban en poder de Satanás por el pecado original. Yo vine a ofrecer la mano salvadora; Yo soy el Salvador Divino.



EL QUE CREE EN MÍ NO SERÁ CONDENADO (Jn 3,18)

El que cree en el nombre de Jesús no será juzgado ni mucho menos condenado. Pero creer en Mí, en Jesús, es obedecer todas las Leyes y preceptos del Señor, Mi Padre Dios.

Yo vine a darle las armas a los hombres para librarlos del juicio y condenación eterno. Si las utilizan se salvará; pero si no las usan no podrán salvarse.

Los que cumplan Mis enseñanzas, no encontrarán en Mí, a la hora de su muerte, un juez que castiga sino un Jesús amoroso que perdona.

Los que no cumplen las enseñanzas de Jesús y no creen en Mi Nombre, ya están juzgados; ellos mismos se han encargado de perderse (cfr. Jn 3, 18).

En tus manos, hijo, está escoger:

El Cielo o el infierno, según el camino que aquí sigas.

La felicidad o la desgracia.

El Amor Mío o Mi repudio eterno.

El camino que aquí escojas allá se te dará: ¡Cuéntale esto a las personas que Yo pongo en tu camino!.



OTRO EXAMEN

Dentro de poco tiempo Yo te preguntaré:

¿Buscaste en la tierra la Luz de la Verdad?,

¿Tus obras fueron hechas bajo el manto de la gracia de Dios, o en medio de la desnudez del pecado?.

Todo el que está en pecado está ausente de la gracia de Dios. Sin gracia de Dios no hay Luz de Dios sino tinieblas. Todo lo que se hace en las tinieblas queda mal hecho, y no es acepto a Mi Padre Dios.

El que está en pecado odia la Luz de la Verdad, “para que sus obras no lo acusen” (Jn 3, 20).



LA VERDAD GUSTA LA LUZ

“El que obra según la verdad viene a la luz, para que sus obras se pongan de manifiesto, porque han sido hechas según Dios” (Jn 3,21).



ESTA LA CULPA

Este es el juicio de culpa grave que condenará a muchos: “Vino la luz al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Jn 3, 19).

Convéncete, hijo:

El que hace el mal odia lo bueno.

El el que está en tinieblas odia la luz.

El que está en la mentira odia la verdad.

El que está en la ignorancia odia la recta doctrina;

El esclavo odia al que anda libre.

Este es el problema de los hombres de la tierra (cfr. Jn 3,20).

El ladrón esconde su rostro para no mirar de frente a los hombres honestos, por temor a ser descubierto.

“Pero el que actúa con verdad busca la luz” (Jn 3,21)., porque la luz le da brillo a la vedad; porque sus obras han sido hechas según Dios.

Yo soy Luz y vine a traer la Luz al mundo, para encender los corazones con el fuego de Mi Amor.

Nada tiene que esconder quien actúa con verdad.

Quien cumple la Santa Voluntad de Dios en su vida, nada tiene que ocultar ante los hombres pecadores, aunque estos lo repudien.

Todo aquel que tiene luz, es como una lámpara encendida que se pone en el techo para que alumbre a toda la casa. O como un faro que se pone en lo alto de un monte para que alumbre a toda la ciudad.



QUEJA DE LOS DISCÍPULOS DE JUAN (Jn 3,22-36).

Cuando los discípulos de Juan se dieron cuenta que Yo también bautizaba, fueron indignados a poner la queja a Juan el Bautista.

Pero Juan dio un hermoso testimonio Mío, y humildemente dijo:

“Conviene que Jesús, crezca; y que yo, Juan, disminuya ” (Jun 3,30). A eso vas al apostolado, hijo: a desaparecer tú para que Yo aparezca.

Maldito el hombre que utiliza la Luz de Dios para su propio brillo; es como perro que se come la caza obtenida por la escopeta de su amo. “El hombre no puede apropiarse de nada si no le es dado del cielo” (Jn 3, 27).

Quien utiliza los dones de Dios para su propio brillo es un ladrón que le roba gloria a Dios.

Nadie tiene nada propio en exclusiva para sí, porque todo lo que tiene el hombre le ha sido prestado por Mi Padre Dios, para que lo ponga con amor al servicio de los otros.

Hijo:

Se te ha dado la inteligencia para que con ella conozcas al que te dio la inteligencia: Mi Padre Dios.

Se te ha dado el corazón para que con el ames al que te dio la capacidad de amar: Mi Padre Dios.

Se te ha dado un tiempo en esta tierra para que en ese tiempo produzcas muchos frutos.

Se te ha dado un trabajo para que trabajes para Dios, haciendo las cosas bien; y ores y acerques gente a Dios.



MI ALEGRÍA ES COMPLETA (Jn 3,29)

Juan Bautista se puso muy contento al comprobar que el Mesías que anunciaba ya se había hecho presente entre los hombres de la tierra.

Completa es la alegría de Juan al comprobar que el Reino de los Cielos ya se había hecho presente entre los hombres de la tierra: Yo, Jesús, el Mesías prometido por Mi Padre Dios por medio de los profetas.



JUAN ES MODELO DE PASTOR

Juan Bautista fue un modelo de pastor que no habló de sí mismo sino sólo de Jesús; no pidió que lo siguieran a él sino A Mí, a Jesús.

La diferencia entre el líder y el pastor es esta: el líder busca seguidores para sí; el pastor busca seguidores para Dios, para Jesús. Muerto el líder se dispersan las ovejas; pero cuando muere un buen pastor se siguen multiplicando las ovejas hasta el fin del mundo.

Pídele a Mi Padre Dios que envíe auténticos pastores para la Iglesia de Dios.

Un buen pastor no busca ganar simpatías para sí, sino atraer a los hombres a la luz de la verdad.

El pastor que calla la verdad por temor a perder popularidad, es como un peón irresponsable que deja que sean devoradas las ovejas, por temor a causarles susto si les avisa la presencia del lobo.



ES NECESARIO QUE ÉL CREZCA (Jn3,30).

Juan les dijo a sus discípulos que era necesario que Mi fama incrementara, la fama de Jesús; y que la fama de él fuera muriendo (cfr. Jn 3,30). Mira, hijo lo que es una actitud realmente humilde, y recta de corazón, de parte de Juan.

Juan no se apegó a su fama de pastor y no sintió celos, al ver que sus discípulos lo abandonaban, por seguir a Jesús. Al contrario: ¡Juan se alegró!.

Cuando tú estés ante la presencia de alguien que es más que tú, en conocimientos, autoridad o experiencia, ten la humildad de hacer silencio y ocultarte; para que el otro, que tiene más luz que tú, pueda brillar. Esto es humildad: hacerle culto a la verdad.

El soberbio no permite que alguien pueda tener más luz que él, ni que alguien brille más que él, porque trata de opacarlo, o cortarle la cabeza murmurando de él.

El humilde es el que sabe exactamente ponerse en su lugar. El humilde conoce quien es menor, igual o superior a él; y les da el trato debido. Al menor lo trata con dulzura, al igual lo trata con amistad, y al superior lo trata con respeto.

¡Humildad es la verdad!.

No es humildad:

Que el vidente se deje guiar por el ciego que no ve,

Que el sabio se deje guiar por el necio,

Que el justo se deje aconsejar del pecador.



EL QUE VIENE DE LO ALTO ESTÁ POR ENCIMA

Juan explicó a sus discípulos que “El que viene de lo lo alto está por encima de todo” (Jn 3,31).

Hijo, Yo vine de lo Alto de los Cielos, y estoy por encima de todo y de todos. Yo tengo más poder que todos los hombres juntos de la tierra y lo conozco todo. Nadie está por encima de Dios.

El Hijo del Hombre, Yo tengo el poder de Mi Padre Celestial y el de Mi Santo Espíritu Divino.

Yo vine de lo Alto para elevar lo plano hasta el Reino de los Cielos.



EL QUE ES DEL MUNDO HABLA DEL MUNDO

Cada cual habla según el lugar de dónde es, y según lo que ha visto y oído.

Los hombres de la tierra no pueden hablar sino de la tierra, y sus conocimientos no superan la esfera limitada de la tierra. El Hijo del Hombre, Yo, vengo del Reino de los Cielos y puedo hablar de lo que conozco y veo: Mi Padre Dios.

El que pertenece a la carne de la tierra, habla de los productos de la tierra que satisfacen a la carne. Pura tierra es lo que hablan los mundanos de la tierra, y sus ojos de carne no pueden percibir las cosas del espíritu.

Para percibir las cosas del espíritu, es necesario elevarte por medio de la oración a lo alto de los Cielos.

Hijo, para por ver lo alto, te tiene que subir a lo alto. Desde abajo, con los ojos de la carne, no puedes observar algo del inmenso panorama que te brinda el Reino de los Cielos.

Ante ti está el mundo de la carne y el mundo del espíritu. La carne te ata a la tierra; el espíritu te eleva a lo alto de los Cielos.

Hay dos reinos: el reino animal de los hombres de la tierra; y el Reino espiritual como el de los ángeles del Cielo.

No es posible ser mundano y ser de Dios.



JESÚS NOS DA EL ESPÍRITU

Yo, el Hijo del Hombre, vengo de los Cielos, y hablo las Palabras de Mi Padre Celestial, porque puedo dar a otros el Espíritu de Dios (cfr. Jn 3,32-33).

Yo cuando hablo doy Mi Espíritu y lo hago sin medida. Y tú cuando Me escuchas te llenas del Mi Espíritu Divino.

Llénate de las Palabras Mías, de Jesús, y Yo te daré Mi Santo Espíritu.

“El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto es sus manos” (Jn 3,35).

Yo, Jesús, el Hijo Amado de Mi Padre Dios, tengo el poder para darte vida eterna.

Hijo, ama a Jesús, sigue a Jesús, entrégate a Jesús; muere por Jesús y Yo te daré la vida eterna.

Quien no cree en Mí, en el Hijo de Dios, no verá la vida eterna, y la ira de Mi Padre Dios pesa sobre él (cfr. Jn 3,36). Mi Padre Dios es misericordioso para con el que cree en las Palabras de su Hijo; pero la ira de Mi Padre Celestial pesa sobre todo pecador, que al permanecer en el pecado, rehúsa creer en Mí, en Jesús.

Quien cree en una persona se identifica con ella; la sigue y la imita. Así quiere Mi Padre Celestial que tú creas en Mí que soy su Hijo.



JESÚS SE MARCHÓ A GALILEA

Cuando supe que los fariseos de Judea se enteraron de Mi fama, Me marché a Galilea (cfr. Jn 4,1-3).

Yo huí de la envidia de los fariseos, porque supe que ellos conocieron que Yo hacía más discípulos que el mismo Juan el Bautista.

No te enfrentes a la envidia, huye de ella, como lo hice Yo (cfr. Jn 4, 1-3).

Ya los fariseos estaban llenos de celos y de rabia contra Juan el Bautista, porque él arrastraba más gente que ellos. Y luego se enteraron que Yo arrastraba aún más gente que Juan. Yo sabía que ellos no iban a soportar más esto. Ellos se llenaron de rabia contra Mí, contra Jesús.



ENCUENTRO CON LA SAMARITANA

Samaria está de paso de Judea a Galilea (cfr. Jn 4, 1-6).

En Samaria, hijo, está la ciudad de Sicar, junto a la tierra de José. En Sicar está el pozo que Jacob cavó cuando tenía sed en el desierto, y de su agua bebió él y todos sus ganados. Jacob encontró este pozo cuando huía de la ira de su hermano Esaú, bien lo recuerdas tú, porque ya te lo contado.

Cuando Yo huía de la ira de los fariseos, y fatigado del viaje, también quise tomar agua en el mismo sitio donde bebió Jacob. Me senté junto al pozo para tomar agua de allí.

Cuando te sientas fatigado, hijo, siéntate a Mi lado junto al pozo: el pozo de oración. Yo te daré a beber una agua que quitará la sed por siempre.

¿Te sientes cansado, hijo?. Yo también sentí cansancio; pero no por las incomodidades del camino sino por la envidia de los hombres.

El cansancio en las cosas espirituales no se produce por seguir a Jesús, sino por seguir tus propios dioses: tu rebeldía y egoísmo. Si estás cansado, hijo, haz oración y encontrarás descanso.

Se acercó una mujer del pueblo de Samaria para sacar agua del pozo, precisamente en el momento en el cual Yo estaba allí. Nada de esto fue casual. Yo espero a los que tienen sed para darles de beber un agua que salta hasta la vida eterna.



DAME DE BEBER (Jn4,8).

Yo le dije a la mujer: “-Dame de beber” (Jn 4,8). La mujer se sorprendió de Mi descaro: que un hombre como Yo le pidiese agua, en lugar de sacarla Yo directamente; y luego por Mi acento se dio cuenta que Yo era Judío. Los Judíos y los Samaritanos no se hablaban.

Hijo, dame de beber, le dije Yo a la mujer Samaritana. Dame de beber te digo ahora a ti. Llena tu pozo de oración para que puedas quitar la sed de Jesús, la sed que tengo de dar amor. Tengo sed de la correspondencia tuya a la llamada Mía.

Si tu pozo está seco de oración no podrás quitar la fatiga de Jesús. Cuando te encuentres fatigado y tengas sed, acude al pozo de la oración y allí Me encontrarás a Mí, a Jesús.

No sabía la mujer samaritana que ese hombre tan común y tan corriente, que le pedía un poco de agua, era el mismo Jesús quien le pedía.

Muchas veces haces cosas grandes por Jesús, porque sabes que es Jesús quien te las pide; pero dejas de hacer cosas pequeñas porque ignoras que también es Jesús quien te las pide.

Hijo, encárgate tú de lo pequeño, que para hacer cosas grandes estoy Yo, Jesús. Ese mendigo que extiende las manos junto a ti es Jesús; no lo desprecies. Si no tienes algo para darle, obséquiale al menos una mirada de cariño.

Yo le dije a la mujer samaritana:

“-Si conocieras el don de Dios y quien es el que te dice: Dame de beber, tú le habrías pedido a él y él te habría dado agua viva” (Jn 4,10).

Yo, Jesús, soy don de Dios. El don más grande que Mi Padre Celestial le dio a los hombres de buena voluntad.

Muchos rechazan a Jesús porque no Me conocen. Yo no acusé de egoísta la mujer samaritana por no haber querido darme agua, sino que la excusé, diciéndole que actuaba así porque no Me conocía.

Hijo, cada vez que das, te llenas del don de Dios; te llenas de Jesús. Dios pide para dar; esta es la forma que Dios utiliza para derramar sus dones en abundancia.

No le niegues a Dios lo que pide porque entonces no recibirás.

La mujer samaritana se enfrentó a discutir conmigo y Me dijo que cómo se Me ocurría decirle que Yo le podía dar agua a ella, si ni siquiera Yo tenía un recipiente para poder sacarla del pozo. Y agregó, que Yo Me estaba considerando mayor que el mismo Jacob, ¡qué sí sacó agua en abundancia de ese pozo! (cfr. Jn 4,11).

Yo aproveché la ocasión con la mujer samaritana para hablarle en Mi estilo sobrenatural, y le dije a ella: “todo el que bebe del agua de la tierra tendrá de nuevo sed; pero el que beba del agua que yo le daré, se hará en él una fuente de agua que salta hasta la vida eterna” (Jn 4, 13). Con esto le di a entender a la mujer samaritana, que las cosas de la tierra no calman la sed sino que producen aún más sed de ellas.

Las cosas y las personas de la tierra no tienen capacidad de quitar el hambre y sed de Dios. Las cosas y las personas de la tierra no tienen capacidad de llenar el vacío existencial, sino de producir mayor vacío.

Una gota del Espíritu de Dios, tiene capacidad de quitar tu sed eternamente; y esa gota se hará fuente que no caerá en la tierra, sino que subirá hasta el Cielo.

La mujer samaritana Me pidió del agua Mía (cfr. Jn 4, 15). La que Me negó darme agua a Mí, ahora es ella la que pide de Mi agua. Yo, con mucha sagacidad le dije que trajese a su marido.

Ella Me respondió que no tenía marido (cfr. Jn 4, 17). Le dije que ella era veraz en afirmar que no tenía marido, porque había tenido cinco hombres y que el que ahora tenía, tampoco era su marido (cfr. Jn 4, 18).

La mujer samaritana se dio cuenta que Yo era Profeta (cfr. Jn 4, 19). Ella humildemente aprovechó Mi Presencia para comentarme su inquietud y duda: que los samaritanos dicen que se debe adoran a Dios en el monte de Samaria; pero que los judíos adoran a Dios en Jerusalén.

Cuando vi que la mujer recién llegada al pozo estaba en capacidad de tomarse más en serio Mis Palabras, le dije que no importaba el lugar para adorar a Mi Padre Dios; que lo importante era la forma de adorarlo: ¡En espíritu y en verdad” (Jn 4, 23).

Hubo ángeles del mismo Cielo, que estando en la Presencia de Mi Padre Celestial, no le adoraron con su corazón y con su alma, sino meramente con palabras exteriores; estos fueron arrojados de los Cielos a las tinieblas exteriores de la tierra.

Dios es Espíritu y lo llena todo, y la forma de adorarlo es dejando guiar tu vida por su Santo Espíritu, el Espíritu de la Verdad, la Verdad del mismo Cristo. A Dios lo adoras realmente cuando ajustas tu vida a la verdad de Él y no a la tuya.

Mi Padre Dios busca gente que lo adore con todo su corazón, con toda su alma, y con toda verdad (cfr. Jn 4,23).

Mi Padre Dios no quiere gente que lo adore de dientes para afuera, sino en el espíritu hacia adentro: en el espíritu y vedad (cfr. Jn 4,23).

Quien le teme a la verdad rechaza a Dios, porque Dios es la Verdad.

Quien está en el pecado le rinde culto a la mentira. La mentira es el templo de Satanás.

La mujer samaritana, poco convencida hasta aquí de Mi Palabras, Me dijo: no discutamos usted y Yo acerca del sitio donde se debe adorar a Dios, si en el monte de los samaritanos o en el templo de Jerusalén. Y agregó: esperemos que llegue Cristo, y Él nos aclara todo esto, porque está próximo a llegar (cfr. Jn 4, 25).

Yo le respondí a la mujer samaritana, que ese Cristo que había de venir era Yo: “Yo soy el que habla contigo” (Jn 4, 26).





 

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