ESTRATEGIAS DE LA GUERRA

 ESPIRITUAL

 

 

Pretendemos tomarnos el mundo para que Reine Dios en él, y arrojar a Satanás de la faz de la tierra. Somos guerreros del Reino de Dios.

Somos un Ejército de paz en orden de batalla de Oración. 

La Comandante del Ejército que ha de aplastarle la cabeza a la serpiente es la Madre de Dios, Santa María. Ella es ejemplo de obediencia y humildad. 

Ninguna guerra se ha ganado ha ganado sin una gran estrategia y sin rígida disciplina. 

Para alcanzar la victoria se necesita estar al comienzo en una situación de superioridad; pero aún así se puede fracasar, sino manejas bien tus fuerzas. 

La fuerza nuestra es superior: Dios. No fracasaremos mientras escuchemos con nitidez su Voz Divina, en la sencillez omnipotente de la vida de oración. 

 

1.- Atacar con naturalidad y sencillez al enemigo, sin llamar poderosamente la atención.

Lo nuestro es el apostolado personal, de uno en uno; de Doce en Doce hasta tomarnos para Dios el mundo entero. Sin llamar la atención con uniformes ni

con ningún tipo de distintivo. Sin hacer publicidad ni sin hacer ostentación de nuestros logros, porque no son nuestros sino de Dios. Nunca diremos cuántos somos: ahora porque somos pocos, luego porque seremos muchos. Pero nuestra fuerza nunca radicará el la cantidad de los soldados sino el la calidad de nuestra entrega obediente a la vida de oración. 

2.- Atacar indirectamente al enemigo y no directamente.

Lo nuestro es dar doctrina. Lo nuestro no es pelear con nadie. Lo nuestro es no tirar perlas a los cerdos. No habrá cerdo que se venga furioso contra ti si no lo

atacas. Lo nuestro es inundar el mundo del amor de Dios, sin ponernos a pelear con los que odian. Ahogar el mal con abundancia de bien. 

 

3.- Hacer que el enemigo se destruya solo. 

Nunca hacerle publicidad al error. Ignorarlo. Dar la doctrina correcta cuando

hay un error de moda, sin hacerle publicidad a los que propagan el error;

seríamos idiotas útiles de ellos.

 

4-.Llegar antes al campo de batalla 

Primero oración y luego acción. La oración siempre llega de primero al campo de batalla y desgasta al enemigo. 

Saber esperar: a veces la paciencia nuestra en soportar el ataque, desgasta más al enemigo que poniéndole a pelear. La prudencia nos dirá cuando hay que esperar y cuando es el momento de atacar.

 

5-. El enemigo dividido está maduro para ser conquistado. 

“Todo reino dividido contra sí será desolado”, dice la Escritura. Nuestra fuerza siempre radicará en la unidad con el Director que Dios nos ha puesto y en la unidad entre nosotros. Entre nosotros no cabe la murmuración ni la crítica. Lo que no nos guste lo decimos de frente y a la cara, personalmente y sin herir; y estamos dispuestos a aceptar con docilidad y humildad el parecer contrario al nuestro del Director. 

Vivimos también la corrección fraterna. Hay que detectar a los murmuradores y con espíritu crítico y farisaico, y expulsarlos de la Ciudad. 

Vivimos el Día de Ronda: cada uno tiene un día para rezar más por cada uno y vigilar así los muros de la ciudad para que no entre el enemigo.

 

6-. Al enemigo hay que atacarlo por sorpresa. 

Los planes de Dios nunca se cuenta. Las cosas que debemos hacer, se hacen, sin advertir a la familia ni a los amigos, porque el enemigo Satanás se valdrá de ellos para poner todo tipo de obstáculos. 

Nunca hay que pedir permiso a nadie para obedecerle a Dios, para hacer lo que Dios quiere de ti. Primero actúa, y después de actuar, que se entere y critique el mundo entero, pero ya lograste el objetivo.

Satanás es valiente para atacar un proyecto, pero cobarde y débil para atacar un hecho cumplido.

 

7-. Recordar que Dios creó el mundo de la nada. 

Quien espera tener recursos para emprender un proyecto, nunca lo logrará. Se comienza con lo poco que se tiene y Dios irá mandando el resto. Las grandes catedrales han comenzado siempre por el primer ladrillo, pero la constancia de la fe puso el techo de último. 

Lo que comienza con grandes masas dura poco. Lo que comienza pequeño afianza sus raíces como un roble fuerte. 

Cuando la madre naturaleza quiere producir una calabaza se demora seis meses;

pero cuando quiere producir un roble tarda cien años. Ten paciencia. En tu vida de apóstol no pretendas ver el fruto de inmediato. La Palabra de Dios es una semilla frágil y pequeña que demora largo tiempo en retoñar; pero luego, con tu riego de oración se hará un árbol fuerte que dará muchos frutos. 

Los grandes imperios económicos no han surgido de la noche a la maña: han comenzado pequeños, pero la constancia y la paciencia de sus dueños, hizo que sus nietos recogieran las ganancias. Nosotros no sembramos para recoger nosotros sino para que otros recojan los frutos de sudor de sangre de nuestra siembra. 

¡Que bonito sembrar para que sean otros los que recojan los frutos generosos de nuestro sacrificio y nuestra entrega!.

 

8.- El ataque tiene éxito cuando el enemigo descuida la defensa. 

Nosotros nunca descuidaremos la defensa: ¡la vida de oración!. El día que no hagamos oración, habremos descuidado en nuestra vida la Ciudad de la Oración; la fortaleza de nuestra defensa: la oración. Sin oración, se destruye la Ciudad de la Oración.

 

9.- Siéntate en lo alto de la montaña y observa como lucha el enemigo. 

Moisés no fue a la guerra. Moisés se quedó con los brazos elevados al Cielo en oración. Cuando subía los brazos ganaba el ejército de Dios, cuando los bajaba ganaba el enemigo. Nosotros mantendremos siempre los brazos arriba en oración y será Dios quien destruya al enemigo.

 

10.- Por falta de prudencia los hombres no ven el peligro. 

El imprudente no ve el peligro donde hay un gran peligro. El imprudente minimiza el peligro y minimiza al agresor.

¡No hay enemigo pequeño!. La gracia de estado que Dios le ha dado al Director, cualquiera que sea, le hace ver las cosas a diez mil kilómetros de distancia. Si el Director, o quien nos lleva la asesoría en nombre del Director, nos dice que hay peligro, que algo no conviene, le creemos de inmediato.

 

11.- Despojarte de la mercancía para salvar el barco. 

Para ganar el Cielo, que es lo que pretendemos, es necesario desapegarte de las cosas y personas de la tierra. 

No puedes pretender pan y tajada. Aspira a todo el pan, el Pan de Vida, y despréndete de las migajas de consuelos de los afectos de las personas y las cosas de la tierra. 

No puedes pretender que te alaban y aplaudan cuando combates de veras para Dios. 

O la aceptación de Dios y el rechazo de los hombres, o la simpatía de los hombres y el rechazo de Dios: escoge.

 

12.- En la guerra no hay descuido pequeño 

No hay desobediencia pequeña en una guerra a muerte para arrojar a Satanás De la faz de la tierra. No hay cosas de poca importancia. Nosotros le damos gran importancia y trascendencia a los detalles pequeños.

Todo lo tratamos de hacer bien. No nos gusta nada a medias. ¡Todo tiene importancia!. Por una puerta pequeña se puede meter el enemigo y destruirnos la Ciudad.

 

13.- Golpea la hierba para asustar al enemigo. 

Andaremos por el mundo sin miedos ni temores, con complejo de superioridad.

Cuando nos toque hablar, lo haremos con decisión, con fuerza y convicción, sin timideces. El convencido convence. 

Nunca admitiremos que en las cosas de Dios y de la Iglesia, nos hagan bromitas, ni risitas, ni chistecitos tontos. Cuando nos toque tronar tronaremos y nos haremos respetar.

Es preferible que nos tenga miedo por la fuerza de nuestras convicciones a que nos tengan tristeza. 

 

14. No utilizar lo que todos utilizan, sino servirse de lo que nadie utiliza. 

Nosotros nunca utilizaremos el Templo, ni los centros parroquiales, ni colegios, para nuestras actividades. Nosotros nos valdremos de las casas, de los hogares, para que en un ambiente de hogar y no parroquial, llevemos la luz de Cristo a mucha gente; no en masas, sino en pequeños grupos. 

Nosotros utilizamos lo que la gente no utiliza: la doctrina Tradicional de la Iglesia, la doctrina de Tomás de Aquino, los Documentos del Concilio Vaticano II. 

 

15. Atrae al contrario a tu terreno, para poderlo vencer. 

Al tigre hay que sacarlo de su cueva para poderlo vencer. Nuestro apostolado siempre es personal, de uno en uno. No tratamos de coger a la gente que no conoce a Dios, en grupitos, porque la gente en grupos es cobarde y vuelven broma las cosas que decimos.

En cambio la gente sola es más receptiva y sincera. Cuando alguien en medio de un grupo nos hace una pregunta personal, le decimos que preferimos tratar el asunto de una forma personal.

 

16. Al enemigo que huye, puente de plata. Al enemigo siempre hay que dejarle una puerta de escape. 

Entre nosotros, las puertas para entrar están cerradas, pero para salir están Abiertas –le pedimos al Señor que no tengamos la locura de rechazar su llamada-, pero quien se sienta inconforme, quien no esté dispuesto a obedecer la llamada del Señor, puede irse: “¿Vosotros también queréis marcharos?” –dijo Jesús-; Pedro Respondió: ¿A quien iremos si Tú tienes Palabras de vida eterna?.

 

17. Ceder un centímetro para avanzar un paso.

Si alguna vez en nuestra lucha tenemos caídas y derrotas, no nos demos por vencidos, nunca nos faltará la mano misericordiosa de Dios; si somos humildes, el retroceso nos impulsará a pedir perdón y a volver arrepentidos, como hijos pródigos, a la casa de nuestro Padre Dios, que sabemos que siempre nos espera con amor. 

Y entonces el retroceso, el aparente retroceso, es ocasión para volver a la lucha con mayor entrega de amor. 

También en nuestro apostolado en la dirección de las almas, a veces hay que ceder un poco, suavizar, dejar que los ánimos se aquieten para volver a apretar. Es un tire y afloje que la prudencia y la sabiduría indica.

 

18.-Cuando el árbol cae los monos se despiertan.

Capturar al cabecilla para prender a los bandidos. Una fuerza se deshace cuando se pierde lo que la mantiene unida. Jesús lo dijo: “heriré al pastor y se dispersarán las ovejas. 

En nuestro caso, en el campo de nuestra guerra espiritual, podemos interpretar estos axiomas, todos cierto, de muchas formas. 

Para conquistar al mundo para que Reine Dios, que es lo que pretendemos, en primer lugar tenemos que conquistar las cabezas:

En primer lugar, conquistar el Corazón de Dios a favor nuestro, por medio de la oración: “Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?” –como dice Pablo-.

En segundo lugar, en nuestro apostolado buscar gente que arrastre y no los arrastrados; buscar gente inteligente, dócil y que por su personalidad e inteligencia tenga capacidad de influir sobre los demás. 

Para que nosotros no seamos destruidos, cuidar la cabeza del Director, arroparlo con nuestra cariño, oración y corrección fraterna. Jamás permitiremos que alguien recién llegado murmure contre él. Defenderemos siempre al Director, lo tratamos de excusar, y luego le haremos la corrección fraterna que haga falta, si hay lugar a ella. Pero nunca permitiremos que nos hieran al pastor, porque entonces se dispersará la Ciudad, la Civitas del Señor. 

También, en nuestra vida práctica, el atacar la cabeza, significa que la mayoría de los defectos que tenemos, dependen de un defecto mayor y capital, el cual debemos identificar y al atacar la cabeza se dispersan los defectos menores. En nuestro apostolado y dirección de almas tenemos que ir a la raíz, pidiendo luces al Señor, para saber encontrar el defecto principal de la persona que hace que tenga otros defectos y bloqueos. El Espíritu Santo nos ayudará a encontrar el taco en medio de toda la tubería espiritual, que impide que el agua pura llegue a toda la casa.

 

19.- La fuerza de un ejército no reside en su potencial bélico sino en su moral. La Biblia dice: “El rico es rico porque es fuerte”.

Al final la guerra, la guerra de amor y paz, que el Señor nos puso a librar para Él, no la gana el que tenga más fuerzas para atacar, sino más paciencia para resistir. 

La prudencia nos indica cuando hay que atacar y atacaremos, y cuando hay que saber resistir y esperar y también lo haremos con paciencia y esperanza de ganar.

 

20-. A río revuelto ganancia de pescadores.

Saber pescar en aguas turbias. Los tiempos de crisis proporcionan oportunidades excepcionales. Crisis significa oportunidad. 

Esto significa, para nosotros, que a mayor desorientación en el ambiente, a mayor alejamiento de Dios, a mayor ignorancia y mayor falta de doctrina, todo esto nos empuja a ser más fieles a la llamada que hemos recibido del Señor, y a saber pescar en aguas turbias. En ese ambiente tan podrido donde los hombres se sumergen en el barro del pecado, también encontraremos almas nobles que desean encontrar una mano amiga que les ayude a librarse de las cadenas del maligno; y se arrepentirán y se limpiarán y se convertirán en fuerzas poderosas para sacar a otros de su mismo barro donde estaban antes. 

El río revuelto y las aguas turbias, no empujan a tirar las redes con mayor ardor.

 

21-. Confundir al enemigo mediante una falsa apariencia.

Desprenderse del caparazón de la cigarra. Engañar al enemigo poniendo almohadas debajo de las sábanas. 

Esto para nosotros significa, que nunca usaremos distintivos ni uniformes. Que nunca nos presentaremos como gente entregada a Dios, sino como gente corriente, normal, sencilla. Nunca nos pondremos ningún caparazón; pero quien hable con nosotros individualmente, encontrará un cristiano convencido de sus ideas y que siempre está dispuesto a dar doctrina. Cuando nos toca dar doctrina en público, también lo haremos, con fuerza, con valor, sin titubeos.

 

22-. Una sola persona cobarde que huye puede asustar a mil valientes de su propio ejército. 

Esto nos lleva a sentir la gran responsabilidad que tenemos de serle fieles al Señor. En el campo de batalla de la lucha espiritual, nuestra falta de fidelidad llevaría a otros a abandonar el campo de la lucha.

De nuestra fidelidad depende la fidelidad de otros, en especial de los más jóvenes, y nuestra infidelidad arrastraría a otros que están comenzando a seguir los pasos del Señor, a que den pie atrás después de poner los pies en el arado. 

Un alma entregada a Dios no se salva sola ni tampoco se condena sola. Pidámosle al Señor que nos haga muy fieles a nuestra vocación de almas de oración contemplativa, porque también nos pagará la fidelidad de los que por nuestro ejemplo supieron serle fieles al Señor. 

Un cobarde que deserta del divino combate del Señor, hace destrozar los planes eternos que Dios tenía programados para él. 

Al Señor le duele la conducta del pecador, pero lo que parte su Corazón es la traición de sus amigos. De Judas, el traidor, dijo: “más le vale no haber nacido”.

Por dar la cara atrás, la esposa de Lot se convirtió en piedra de sal: Del joven rico que despreció la llamada del Señor, dijo Jesús: “más fácil entra un camello por el hueco de una aguja, que un rico al Reino de los Cielos”. 

El mayor pecado de escándalo que podríamos dar es traicionar a Cristo, abandonando el camino concreto de la vocación a la cual hemos sido llamados, porque a la vez arrastraríamos a otros a abandonar su vocación. De los escandalosos dijo: “¡Ay de los que dan escándalo , más vale que se pongan al cuello una piedra de molino y se echen al mar!”.

 

23.-Si pretendes conquistar un enemigo, busca aliados.

Otro político dice: una provincia no se puede conquistar sin la ayuda de los provincianos descontentos. 

El demonio no nos conquistará para destruir nuestra Ciudad, la Ciudad de Dios, si no tenemos en la Ciudad ciudadanos descontentos. Todo descontento se vuelve murmurador y a la larga un traidor. 

En nuestra Ciudad, cada uno puede hablar franca y descaradamente sobre lo que le guste y no le gusta, sobre lo que está de acuerdo y no está de acuerdo, porque tiene la suficiente confianza a los directores y a quien le lleva, en nombre del Director, su asesoría. Y sabe que se le va a escuchar, sabe que sus comentarios se le tiene en cuenta y son valiosos para que los Directores los estudien. Pero si después de los Directores, con la gracia de estado que tiene de Dios para conducir la Ciudad, opinan distinto de él, la persona debe aceptar humildemente la decisión de Dios por medio de los Directores. 

Pero si la persona sigue estando descontenta con los argumentos y decisiones que vienen de parte de los directores, y no acepta, es mejor recomendarle que se vaya, porque un descontento arruina la Ciudad y la conquista el enemigo. 

Es un grave deber de cada miembro de la Ciudad de la Oración cuidar la unidad y no permitir que haya murmuradores ni descontentos, y se le avisa de inmediato a los Directores. Si el descontento no está dispuesto a obedecer es mejor declararlo fuera de la Ciudad.

 

24.- Tratar de conseguir lo que otros controlan. 

La forma que tenemos para conseguir lo que otros controlan es mediante el apostolado de pedir. La forma de hacernos querer y lograr que los corazones duros abran sus puertas al Señor, es pidiéndoles para Dios, sin miedo y con descaro.

El que se mete las manos al bolsillo Dios le mete las manos al corazón y lograremos por este medio de pedir (dinero-cosas-trabajo, etc,), que abran una puertecita pequeña al Señor, y Dios, que no se deja ganar en generosidad los cogerá por su cuenta. 

Hay dos cosas primeras que debemos trabajar en nuestro apostolado: confesión y pedir; pedir y confesión.

 

25.- Destruir las bases firmes del enemigo y sustituirlas por las propias. 

¿Cómo destruiremos el error del maligno Satanás? Dando doctrina. Lo nuestro no es pelear ni discutir con nadie. Lo nuestro es minar la acción del mal derramando abundante bien, dando nuestra luz y la Doctrina. 

Dejan de odiar cuando dejan de ignorar –dijo Tertuliano-. Lo nuestro es quitarle la fuerza al mal haciendo el bien; sin ponernos a enfrentarnos directamente con el mal ni los malvados. 

Hablamos oportuna e inoportunamente, si encontramos eco en algún alma, la seguimos; si no encontramos eco, “sacudimos el polvo de nuestras sandalias” y nos vamos a otra parte. 

Más que dedicarnos a combatir el mal, lo que hacemos es crear pequeños focos de luz y de doctrina. Nosotros no maldecimos la oscuridad sino que preferimos encender una cerilla. Los que quieran acercarse a nuestra luz, que lo hagan, los que quieran continuar en su soberbia oscuridad, que lo hagan. 

Nosotros no nos lamentamos de la maldad y oscuridad del mundo, nosotros creamos focos de bondad y de luz. Entre nosotros no caven los lamentos. Un guerrero no alaba la superioridad del ejército enemigo, sino que estudia la forma inteligente de la forma como puede atacarlo. Todo ejército poderoso tiene siempre un lado flaco. Y todo ejército débil pequeño tiene siempre un poderoso defensor: ¡Dios!. “El Señor es mi escudo y mi defensa” –decía David en uno de sus Salmos-, Y agregaba: “Si se viene contra mí ejércitos enemigos, no temerá mi corazón.

 

28.- Quemar las naves.

Cuentan que cuando Hernán Cortés desembarcó en México, al ver que sus hombres comenzaron a mirar atrás al encontrarse con el ejército enemigo, mandó quemar las naves; y no les quedó otra alternativa que entregarse con valor a la pelea y vencieron. 

Quemar las naves que nos pueden llevar nuevamente de regreso a la región del egoísmo y el pecado. Quemar las naves que nos pueden llevar de regreso para no seguir a Cristo. Entregarnos de verdad a Dios, sin dejar las naves en la orilla, porque son ocasión de tentación para mirar atrás. Entregarnos a la llamada que hemos recibido del Señor con todo el corazón con toda el alma. 

Hay que quemar las naves de la comodidad, egoísmo, rebeldía y cobardía. Hay que cerrarle las puertas al maligno cada día, que siempre nos ofrece barcas de oro para que demos pie atrás del seguimiento de la Cruz Cristo.

 

29.- No todo lo que brilla es oro. 

Satanás, padre de la mentira y fingimiento, como no posee la virtud, y fue privado de la bondad y caridad, pero no privado de su superior inteligencia, es un maestro en pintarle a los hombres pajaritos de oro. A los que ya han comenzado el camino de la Cruz de Cristo, no los trata de apartar de la Cruz con el pecado, porque sabe que de inmediato es rechazado; entonces tienta con cosas aparentemente superiores. Nos hace creer que eso que estamos haciendo es pocas cosa y que no vale la pena. Nos pinta otros caminos y otras cruces superiores de santidad, para hacernos abandonar el camino al cual fuimos llamados. 

Satanás a las almas de oración , las trata de sacar de su camino mostrándoles la miseria de los pobres, la ignorancia y la enfermedad, para que así abandonen su llamada a la vida de oración y adoración al Dios, que todo lo puede remediar. 

Satanás se puso furioso cuando María Magdalena, la pecadora arrepentida, gastó todos sus ahorros en un perfume fino para alabar en adoración y gratitud los pies santos de Jesús, y por medio de Judas exclamó indignado: “¡No hay razón de este derroche, habiendo tanto pobre!”. A Satanás le sigue pareciendo un derroche de la vida que haya almas que se dediquen a escuchar a Dios en la oración, y “hacer lo que Él os diga” –como lo enseñó María en la bodas de Caná-. 

Satanás a todos los que se dedican a seguir a Jesús los tienta con falsos espejuelos de los goces del mundo, haciéndoles creer que los que no siguen a Dios son muy felices y que ellos están perdiendo el tiempo, y es un exagerado sacrificio, el entregar la vida por seguir tras la felicidad imperecedera que Cristo nos ofrece. 

Acordémonos muy bien en nuestra estrategia de la guerra espiritual, que no todo lo que brilla es oro, que al triste le interesa esconder su tristeza en un aparente derroche de alegría. El triste, como está vacío, busca llenar su nada y el absurdo de su estéril existencia en las cosas y personas de la tierra.

 

30.- Mientras menos fuerzas tengas, con mayor razón no muestres tu debilidad al enemigo.

Al enemigo no solamente lo derrotan las reales fuerzas tuyas, sino la apariencia de tu fuerza. 

Se cumple lo de la Escritura: “El rico es rico porque es fuerte”. Mientras menos fuerzas tengas, más confianza en el poder de Dios debes poner. Nuestra fuerza poderosa es la paciencia, acompañada de la confianza en Dios. No somos nosotros los que vencemos al enemigo sino Dios. Y Él lo hará a su manera y cuando Él quiera. Dios solamente espera de nosotros que pongamos nuestra total confianza en Él . 

Si somos pobres no hace falta que salgamos a pregonar a la calle que lo somos. Es mejor que la gente nos tenga por ricos externamente; pero nuestra verdadera pobreza no está en el vestido –debemos vestir bien-, sino en el desprendimiento. 

Nuestra pobreza nos lleva a pedir como lo que en realidad somos: hijos ricos de nuestro Padre Dios. Por eso no pedimos monedas como pobres miserables, sino altas sumas de dinero como pide el hijo rico cuando necesita algo. Quien pide una moneda recibe una moneda; quien pide con grandeza recibe con generosidad. 

Lo nuestro es pedir para Dios, para llevar a otros a la generosidad y entrega. Pero pedimos con complejo de superioridad, cifras superiores a los otros, para poner esos bienes al servicio de Dios en su Ciudad: “En las cosas de Dios se gasta lo que se deba aunque se deba lo que se gaste” –como nos enseñó nuestro gran santo patrón-, porque para Dios es toda la gloria. 

 

31-. No confiar nunca de un extraño. 

Nos lleva a ser prudentes para no abrirle nuestro corazón a nadie, distinto de la persona del Director, o la persona, que en nombre del Director, nos lleva la Asesoría fraterna. 

Cuando en nuestro apostolado contamos cosas nuestras, lo hacemos usando la Cabeza; y no lo hacemos para abrir el corazón y desahogarnos con esa persona acerca de alguna inquietud nuestra –sería buscar a un falso pastor o a un ciego que nos guíe-, sino que contamos pequeñas cosas nuestras positivas para invitar a la persona a que puede hacer lo mismo, y también para que brille la gloria de Dios. 

¿Quién es el extraño? El que no es el Pastor de la Ciudad, al que Dios no le ha dado el encargo de pastorearnos. Tampoco le abrimos nuestro corazón a un hermano de Civitas. Solamente al Director o al asesor.

 

32.- Utilizar la táctica del pájaro cuclillo que pone sus huevos en nido ajeno para que otros los caliente. 

Esto significa para nosotros, que trataremos de utilizar, en nuestra actividad apostólica, los recursos ya existentes, en lugar de gastar fuerzas en grandes construcciones, por ejemplo de casas de retiro: aprovechamos una digna que ya existe, o una finca, y la utilizamos como sede, pero seremos nosotros los que dictamos y dirigimos totalmente nuestra actividad, sin admitir que nadie nos predique. Las charlas las dirigimos totalmente nosotros con la abundante literatura y luces que Dios nos ha dado. Podemos pedirle a un sacerdote anciano que nos celebre la Santa Misa. 

Los recursos buenos de los otros, que podemos aprovechar en nuestra labor espiritual, los aprovechamos.

 

33-.Las guerras las han ganado los soldados cansados, obedeciendo a la orden de sus jefes. 

Cuando tu Director te dice que debes hacer algo, hazlo de inmediato, porque es la Voz de Dios que te indica el momento de atacar. No esperes a estar en “buenas condiciones” para obedecer. El momento es hoy cuando te lo dice el Director. 

Si estás cansado para hacer algo que te dice el Director, Dios te dará las fuerzas para actuar y actúa ya, olvidándote de ti. Si esperas a mañana, talvez mañana no te acompañará la gracia de Dios, ni el momento ya será oportuno.

 

34-. Poner a pelear los enemigos entre sí.

Eso hizo Pablo cuando lo atacaban; había unos que creían en la resurrección y otros que no. Pablo aprovechó el momento para dividirlos y dijo: “Me atacan porque creo en la resurrección” Se armó un alboroto, todos hablan a la vez y salieron en su defensa los que creían en la resurrección, diciendo: “no encontramos en él causa alguna de pecado”, y lo dejaron libre. 

 

35.- En la guerra, la mujer lleva las de ganar. 

La simpatía de la mujer, la belleza de la mujer, la ternura de la mujer, convence más que el ruido de los cañones, y el discurso elocuente de un varón. 

Dios quiere llamar a su Ciudad a muchas mujeres, porque Él sabe la influencia enorme que ejerce la mujer como amiga, novia, esposa y madre. Dios se quiere valer de la capacidad de amor y entrega de la mujer, para implantar su Reino. 

Eva sedujo fácilmente a Adán. Judit le cortó la cabeza a Holofernes, la reina Ester convenció a su marido, el rey, arriesgando su propia vida, para que defendiera a su pueblo de la muerte. La valiente madre de los Macabeos, convenció a sus siete hijos a sufrir un corto martirio y dar la vida, antes que doblegar sus rodillas ante dioses falsos de oro o plata. María, con otras santas mujeres, desafió las burlas y las iras de los enemigos de Jesús, para estar con Él en el momento de la Cruz y muerte. Santa Helena convenció a su hijo Constantino, emperador de roma, de enseñar el Evangelio de Cristo a todo el imperio romano, y Santa Mónica convenció a su hijo Agustín de abandonar el pecado, y fue un gran santo. 

El Señor quiere traer a muchas mujeres, para que sean santas en su Civitas, y que entre ellas se amen como hijas, como hermanas y madres. 

 

36.- En la guerra contra los mentirosos, la mejor arma es la verdad.

El mentiroso le teme a la verdad. Cuentan de un malvado rey avanzaba a tomarse una ciudad. Los de la ciudad abandonaron la fortaleza, y dejaron todas las puertas de la ciudad abiertas. Cuando llegó el malvado, dijo: ¡es una trampa y ordenó de inmediato retirada!. 

Al mentiroso cuando se le dice la verdad, piensa siempre en la mentira y cree que hay gato escondido. 

Nosotros somos poseedores de la mejor arma: la Verdad de Cristo. No nos dé miedo decir siempre la verdad. La verdad nos librará siempre de las garras enemigas y nos hará libres. No escondamos la verdad, porque esta es la mejor arma que destruye las fuerzas enemigas. 

Una señora Colombiana fue cogida en el avión con una paquete de droga. La llevaron ante el juez de los EE. UU y este le dijo: si se declara culpable la condeno a 3 meses de prisión; si se declara inocente le declaro un castigo de 5 años. La señora valientemente dijo: no me importa lo que usted haga, yo me declaro inocente, porque a mí me dieron ese paquete y no sabía cual era su contenido. La señora agregó: a mí lo que me importa es la verdad, ¡soy inocente!. El juez dijo: es la primera vez que me pasa, esta señora es inocente, y la dejó en libertad. ¡Así debemos actuar siempre nosotros. 

Nuestro único compromiso es la verdad. 

Nosotros no pretendemos ganarnos simpatías sino morir por amor a la verdad.

No dejemos de decir siempre la luz de la verdad a esa persona que sabemos que vive en la mentira; no nos importe que nos ame o nos odie, lo que importa es que por medio nuestro conozca la verdad. 

 

37-. Para salvar la barca no importa perder la mercancía. 

La barca es la vocación a la cual hemos sido llamados. La mercancía es lo que poseemos: cosas y afectos de personas. Para salvar la vocación, para seguir a Cristo, estamos dispuestos a dejarlo todo. “Todo lo tengo por poco con tal de no perder a Cristo”-dijo Pablo-. 

Dios nos llama para llenar nuestra barca de auténticas joyas y tesoros, pero es necesario arrojar al mar todo lo que estorba, aunque a veces cueste de momento.

 

38.- Aprender de los errores, para volver a la lucha. 

El nuestra guerra espiritual, para implantar el Reino de nuestro Padre Dios sobre la tierra, todo es ganancia: el triunfo o la derrota. Del Triunfo sacaremos humildad, porque no fuimos nosotros sino Dios el que triunfó. De la derrota sacaremos lecciones de sabiduría para volver luego a la carga con más tacto y valor. 

Mantendremos cabeza fría ante esos dos factores: el triunfo y la derrota. 

Pero en el campo de Dios nunca hay derrotas. Un hombre de Dios no le hace caso al “NO”; quienes hoy nos han dicho “NO”, con nuestra oración y constancia nos dirán mañana: “SÍ”.

 

39.- Dios siempre está al lado del más débil: A Dios le gusta vencer al fuerte con el débil. 

Mientras menor es nuestro armamento y menos el número de soldados, más protección directa de Dios tendremos. 

Dios nos manda a enfrentarnos al mundo entero con poca gente y poca fuerza; pero nuestra confianza no radica en nosotros sino en el poder de Dios. 


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