LA AVENTURA DEL REY DAVID (Novela Histórica)
Leo J. Mart.
Me metí tanto en la historia de David que hasta viví con él muchas actuaciones de su acción guerrera.
Sentí que Dios como que me hizo vivir la vida de David y acompañarlo en el sufrimiento y el combate. Te cuento lo que vi. Me encontré vuelto un pequeño niño a quien David acogió como a su mismo hijo.
Sentí como la voz de un ángel que me acompañó en la Aventura de David y me explicó muchas actuaciones desconcertantes, para mí, del rey David.
El ángel, Jari, tenía forma de siervo de la casa de David.
La vida es guerra, dice Job 7,1: “La vida del hombre aquí en la tierra es milicia” Si la vida es guerra, el rey David es maestro de la vida. Nadie como él supo combatir la sangrienta batalla de la existencia por obedecerle a Dios, confiado en su omnipotente ayuda.Esta narración no es apta para cardíacos mentales; es sólo para guerreros de cabeza fría y corazón de fuego.
Aventura del rey David no es para cobardes pacifistas, que creen alcanzar la paz sin lucha.
La paz es producto de la guerra interna: la guerra que se libra en el propio corazón que se hace violencia. “El reino de los cielos es de los que se hacen dentro de sí violencia”, mil años después de David dijo Jesús.
Aventura del rey David, es un relato para aquellos que se hacen como niños; “El reino de los cielos es para los que se hacen como niños”, dijo Jesús. Pero no es una narración para niños infantiles ni para adultos de cara grave y aburrida.
Volver a vivir una vida apasionante, Aventura del rey David, llena de sentido y de ganas de vivir. Recordar, que la vida no es color de rosa, sino guerra, nos anima a combatir.
No hay nada esencial, que se aparte de lo que narra la Escritura. Aunque es un cuento contado por un niño, no lo olvides.
Intervienen dos nuevos personajes en el relato Escriturístico: el niño que narra los sucesos, como él los vivió al lado del rey David. Los niños no se limitan a escuchar sino a vivir lo que han oído, y luego narran los sucesos apropiándose de ellos.
El otro personaje nuevo, que interviene en la novela histórica, es Jari, siervo de la casa de David, que resulta ser un ángel, que aclara y explica los sucesos de la vida del rey de la tierra; y corrige la insensatez del niño.
Estos personajes hacen más vivo el relato, y ayudan a resaltar la esencia del mensaje, de la Palabra de Dios.
Hay pues, digámoslo así, algo de novela; mucho de oración, y grandes consecuencias prácticas de la vida de David, que pueden servir para tu vida de guerrero; para tu vida de apóstol de Jesús.
Aventura del rey David, es un anticipo de mil años al mensaje de Jesús:
“No vine a traer paz a la tierra sino espada” ( Lc 12, 51)
La vida de David fue siempre espada para los enemigos de Dios. Y cuando él pecó, la espada se le vino en contra suya.
Jesús, dijo: “Se dividirán el padre contra el hijo y el hijo contra el padre (Lc 12, 52) David sufrió la traición y la codicia de varios de sus hijos, como castigo a su pecado.
No es un escrito para peritos de la Escritura; eso lo dejamos a los doctores de las Santas Escrituras, los cuales merecen respeto y admiración. Pero creo que ellos se defraudarían con este relato poco técnico.
Aquí vamos a la esencia del mensaje, para aplicarlo a nuestras vidas, sin quedarnos en los detalles accidentales, que pueden enredarnos.
QUIÉN ES EL REY DAVID
David es el guerrero, decidido a dar la vida, por el reino de Dios, cuando se trata de pelear.
En la guerra, que es la vida, David, es la serpiente sagaz, prudente y precavida, que sabe defenderse y atacar cuando hace falta.
Y David es paloma sencilla, cuando se trata de festejar los logros. Nunca consideró suyos los triunfos, sino sólo de Dios.
David es el rey, lleno de sabiduría y de temor de Dios, que siempre escuchó la voz de Dios, en todos los sucesos de su vida y a la hora de gobernar.
David es el hombre humilde, que acepta los tremendos castigos y reclamos del Señor; sin perder la confianza en Dios.
David sabe ganar sin perder por ello la cabeza; y David saborea la derrota sin perder por ello la esperanza
Cuando el pueblo lo aclamaba, después del triunfo sobre el miope de Goliat, me contó Jari, el ángel de la casa de David, que David decía:! no sé porque me aclaman a mí, cuando deberían aclamar a Dios¡
Mi santo rey, David, es hijo, como yo de Eva, y esto lo hace ser muy humano y pecador.
Esto me anima, me sirve para darme cuenta que los santos no han sido seres sin flaquezas ni defectos. Me es útil para no darme por vencido ante la derrota del pecado, y para acudir confiado ante el perdón de Dios.
David mordió, como la madre Eva, la manzana del pecado. La pasión lo enceguece, hasta llegar al adulterio y crimen. Luego reconoce su pecado; no lo oculta. Y el dolor de amor lo hace llorar, y aceptar con confianza en Dios, el merecido castigo.
De David aprendí a confiar en Dios. En las horas difíciles decía:
“Animo, sé fuerte, confía en El Señor” (Sal 27,14)
David es el hombre santo, escogido por Dios para reinar en Israel, y de su tronco, quiso nacer Jesús, el Mesías prometido.
Su vida de entrega y obediencia rendida a la Santa Voluntad de Dios, es ejemplo para todos los hombres de la tierra.
Jesús, mil años después, recibirá como alabanza, cuando con el batir de palmas le gritaban:
“¡Hosanna al Hijo de David” (Mt 21,9)
CAPÍTULO 1: COMIENZO DE LA CASA DE DAVID
Mientras el rey Saúl vivía lujosamente en su palacio, David, oculto y silencioso, a pleno sol cuidaba las ovejas. Desde muy niño David fue mandado por su padre a esta labor de pastoreo. Allí permaneció David, sin protestar, hasta cerca de los veinte años, cuando Dios lo sacó de los potreros para hacerlo rey.
En aquella pobre región de Belén, no había escuelas para niños, y los niños no sabíamos leer.
Los niños aprendíamos las lecciones de la vida, de boca de nuestros padres, que nos relataban de memoria, la historia de los famosos personajes del pueblo de Israel, y aprendíamos de los muchachos más grandes, el modelo de virtudes.
David fue mi modelo y el maestro de mi niñez y juventud.
Mi abuelo, decía con la Escritura, para apoyar mi amistad con David:
“ Un amigo es un tesoro, y donde está tu tesoro, está tu corazón”
Isaí, padre de David, tenía varios hijos militares, soldados del ejército del rey Saúl. Estos miraban a los niños campesinos por encima del hombro
Además tenía Isaí, un hijo pastor que cuidaba las ovejas, que era David.
También tenía David dos hermanas mayores, ya casadas, estas tenían hijos mucho mayores que yo; eran muchachos muy violentos y agresivos: ¡yo les tenía mucho miedo! Estos terminaron mal, ya lo verás.
David, no era arrogante como sus hermanos, ni violento como sus sobrinos. David amaba a los niños.
Mientras los hermanos de David, trataban de librar grandes batallas contra los enemigos filisteos, David, sin que nadie lo viera, sólo Dios, arrancaba sus ovejas de las garras de un león o un oso.
No creas que es tarea fácil el cuidar de las ovejas; es tarea de pastores muy valientes, me explicaba Jari, que tenía aspecto de siervo de la casa de David; pero en realidad era un ángel
Agregaba Jari, refiriéndose a David: El pastor tiene que estar dispuesto a dar la vida por las ovejas. Parece que David no viese en las ovejas animales, sino hombres, a los cuales deberá más tarde de cuidar, por encargo de Yahvé.
Jesús, mil años más tarde tomó varios ejemplos del trabajo de David: “Yo soy el buen pastor que conoce las ovejas y ellas me conocen a mí” (Jn 10,14)
David, nos contó, a Jari y a mí, que: “cuando venía un león o un oso y se llevaba una oveja del rebaño: yo le perseguía, le golpeaba y le arrancaba de la boca la oveja; y si se volvía contra mí, le agarraba de la quijada, le hería y le mataba” I Sam 17, 35.
Yo he creído todo lo que David me ha narrado, y ahora te lo cuento a ti. Nunca se me ocurrió pensar que David exageraba.
David inspiraba en primer lugar, mucha confianza, porque David estaba lleno de confianza en Dios.
Yo sabía que con David, podría ir seguro en todas sus peligrosas aventuras, auténticas locuras, en las cuales me metí, por ir tras él.
David todo lo veía bajo la lupa de Yahvé, con gran visión sobrenatural.
Los niños amamos el peligro y la aventura. David nunca tuvo miedo a nada. Su sagacidad y su osadía, lo llevaron a desafiar la muerte muchas veces. Jari, me decía: la vida sólo tiene valor si es para Dios: ¡no le temas a la muerte, chico!
Con David experimenté, en muchas ocasiones, el vértigo de muerte, con el cual nos divertimos los guerreros y los niños, viviendo la vida de valerosos combatientes.
David tenía las virtudes de los guerreros: Sabiduría para consultar y saberse asesorar, y prudencia, para tener en cuenta, antes de actuar, todos los efectos de su acción.
El anterior, es el primero de los 73 capítulos que componen esta apasionante historia. Si deseas seguir profundizando en su lectura puedes adquirir el libro completo a través de Editorial Terranova, envíanos un E-mail a ciudador@ciudad-oracion.com o déjanos un mensaje en nuestra Cartelera Electrónica